12 de enero de 2013

G. Eliot: Las novelas tontas de ciertas damas novelistas


George Eliot: Las novelas tontas de ciertas damas novelistas.
Impedimenta, traducción y prólogo de Gabriela Bustelo.

George Eliot no fue George Sand, aunque ambos fueron escritores, habitaron la Europa occidental del XIX (Inglaterra, Francia) y convivieron con pensadores y artistas de notable fama y personalidad. Ambos fueron, también, mujeres. Mujeres que publicaron bajo el pseudónimo Jorge, leídas y respetadas por el establishment académico de su época. Middlemarch, la obra cumbre de Eliot, se considera una de las mejores novelas escritas en lengua inglesa.

El título de este escueto ensayito resume de buen modo el contenido, y es una lanza crítica contra las novelas «de artimaña y confección» que dominaban las listas de ventas de aquel tiempo. Novelas superficiales llenas de romance y ornamento escritas fundamentalmente por mujeres. A su juicio, estas obras no proceden «de una intensa labor sino de una intensa holganza», y tienden a confirmar «el prejuicio popular contra una educación femenina más sólida».

Eliot aboga por la autenticidad y reprueba la simpleza y el alarde de unos logros literarios asentados en conocimientos mediocres. No acusa a las mujeres ni defiende a los hombres, pero llama a su responsabilidad, a no utilizar el arte para moralizar o endulzar, a ser adultos. Según ella —según él—, los escritores deben conformarse «con mostrar las cosas y las personas tal como son», y subraya que alguien verdaderamente culto «será una persona más sencilla y menos molesta». La literatura «no reparte información, sino comprensión».

Todos somos, posiblemente, ambos sexos. Hay machos alfa de piel suave y olor azucarado. Hay mujeres a las que les gusta, a secas, fornicar. La excelencia en cualquier disciplina requiere, acaso, de seres híbridos, indefinidos, travestidos, camaleónicos. La voz propia carece de forma precisa y se expresa por el talento, la oportunidad para desarrollarlo y la dedicación. 

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