26 de enero de 2013

F. Kafka: Cuentos completos


Franz Kafka: Cuentos completos.
Valdemar. Traducción y prólogo de José Rafael Hernández Arias.

A Kafka no le faltaba imaginación. Le faltaron quizás años de vida, salud, horas de sueño. Escribió sin darse tregua pero no acabó ninguna de sus novelas. Publicó poco y quemó, antes de morir, una gran parte de su obra.

La editorial Valdemar recoge en este volumen todos sus relatos de ficción, incluido “La metamorfosis”; traducidos a partir de los textos originales (sin los retoques de Max Brod) y ordenados cronológicamente en un pulcro ejemplar compacto, de tapas duras y 662 páginas a las que se les desea una larga vida no electrónica. 

Once de estos ochenta y tres cuentos completos son relatos inacabados. Treinta y tres aparecieron sin título. ¿Por qué dejaba Kafka, un autor obsesivo, cuentos sin terminar? ¿Tenían para él esos vacíos, esos pasajes ausentes, significado? Uno de los valores de su literatura es precisamente no llegar a grandes conclusiones. Kafka escribía a menudo sin principio ni fin.

Su obra sigue siendo un enigma: ninguna interpretación, de ningún signo, la explica por completo. Ningún escritor, de ninguna época, sintetiza como él lo inaprensible de la vida, la inconsistencia de las identidades, el desarraigo radical.

Transcribo su tercer cuento, titulado por él mismo “Los árboles”: «Pues somos como troncos de árbol en la nieve. Aparentemente yacen en un suelo resbaladizo, así que se podrían desplazar con un pequeño empujón. Pero no, no se puede, pues se hallan fuertemente afianzados en el suelo. Aunque fíjate, incluso eso es aparente».

Punto final:.

19 de enero de 2013

L. Meruane: Sangre en el ojo


Lina Meruane: Sangre en el ojo.
Caballo de Troya.

Una joven diabética pierde la vista. Es escritora, de orígenes chilenos. Tiene un novio gallego con el que vive en Nueva York. En el curso de la novela, un experto oftalmólogo la opera. Pero la ceguera regresa.

América parece un útero gestor de los mejores escritores recientes. De allá llega la literatura en lengua hispana que últimamente más me gusta. Piezas tocadas por el bilingüismo, la mezcla, las migraciones, los viajes.

Son muchos los autores latinoamericanos que en algún momento de sus vidas vienen a Europa, se trasladan a los Estados Unidos o pasan por otros países americanos. No van de vacaciones sino por periodos largos. En ocasiones, sin fecha de vuelta. Y desde sus nuevos mundos escriben, inician proyectos, publican. Ignoro cuántos escritores españoles hacen lo mismo.

Lina Meruane es otro caso de autora desplazada ejemplo de narrativa exquisita. Una mano que escribe sin ojos pero que todo lo ve. Que ciega, registra y mira atenta. Que enferma, se levanta y nos hace pasar páginas para que además de leer, palpemos y, a través del tacto, intuyamos la genialidad de lo que se nos brinda.

Sangre en el ojo es una obra honesta y lúcida. Sin aspavientos recorre el túnel incierto de la pérdida de la salud. Un túnel del que se sale discapacitado. El magnífico interrogatorio preoperatorio (“¿qué ojo?”) y el insólito final hacen ya que valga la pena leerla.

* Agradezco a la librería Juan Rulfo su acertada recomendación y amable trato durante la pasada Feria del Libro de Madrid.

12 de enero de 2013

G. Eliot: Las novelas tontas de ciertas damas novelistas


George Eliot: Las novelas tontas de ciertas damas novelistas.
Impedimenta, traducción y prólogo de Gabriela Bustelo.

George Eliot no fue George Sand, aunque ambos fueron escritores, habitaron la Europa occidental del XIX (Inglaterra, Francia) y convivieron con pensadores y artistas de notable fama y personalidad. Ambos fueron, también, mujeres. Mujeres que publicaron bajo el pseudónimo Jorge, leídas y respetadas por el establishment académico de su época. Middlemarch, la obra cumbre de Eliot, se considera una de las mejores novelas escritas en lengua inglesa.

El título de este escueto ensayito resume de buen modo el contenido, y es una lanza crítica contra las novelas «de artimaña y confección» que dominaban las listas de ventas de aquel tiempo. Novelas superficiales llenas de romance y ornamento escritas fundamentalmente por mujeres. A su juicio, estas obras no proceden «de una intensa labor sino de una intensa holganza», y tienden a confirmar «el prejuicio popular contra una educación femenina más sólida».

Eliot aboga por la autenticidad y reprueba la simpleza y el alarde de unos logros literarios asentados en conocimientos mediocres. No acusa a las mujeres ni defiende a los hombres, pero llama a su responsabilidad, a no utilizar el arte para moralizar o endulzar, a ser adultos. Según ella —según él—, los escritores deben conformarse «con mostrar las cosas y las personas tal como son», y subraya que alguien verdaderamente culto «será una persona más sencilla y menos molesta». La literatura «no reparte información, sino comprensión».

Todos somos, posiblemente, ambos sexos. Hay machos alfa de piel suave y olor azucarado. Hay mujeres a las que les gusta, a secas, fornicar. La excelencia en cualquier disciplina requiere, acaso, de seres híbridos, indefinidos, travestidos, camaleónicos. La voz propia carece de forma precisa y se expresa por el talento, la oportunidad para desarrollarlo y la dedicación. 

6 de enero de 2013

J.M. Coetzee: Verano


John Maxwell Coetzee: Verano.
Mondadori, traducción de Jordi Fibla.

La nieve trae la luz del estío. Achico los ojos, abro la ventana, hay hielo en el tejado, las nubes se han ido. 

Yo siempre leería una obra con ese título. Verano suena a sol, a sequía, a sudor. Aunque con la literatura de Coetzee nunca se sabe: cualquier palabra puede agitar la realidad y arrastrarte, en un descuido, a insospechados destinos.

Verano es el tercer volumen de su autobiografía, construido —aparentemente— a partir de las voces de otros. Desde esta perspectiva Coetzee juega a retratarse y desarrolla una idea ya esbozada en su tomo anterior (Juventud, Mondadori): «Los artistas no tienen que ser gente de moral admirable. Lo único importante es que creen gran arte».

Un individuo desconectado de un cuerpo al que el amor físico le queda grande; una vida cualquiera repleta de mezquindades y bajezas. Los artistas se repliegan, nunca muestran plenamente su cara interior. 

Coetzee. Que en inglés suena cotsi, en africáans cutsíe y en neerlandés cutséiLa obra de un escritor no es su persona. Sea quien sea J.M. Coetzee, su obra es extraordinaria. Y sí: me interesan sus libros más que el sujeto.