29 de marzo de 2013

S. Hustvedt: El verano sin hombres

Siri Hustvedt: El verano sin hombres.
Anagrama. Traducción de Cecilia Ceriani.

Hustvedt es una consagrada novelista e incisiva intelectual estadounidense. De origen noruego, vive en Brooklyn y, como muchos de sus compatriotas (Ford, DeLillo, Roth…), encuadra sus obras en geografías de marcado carácter autobiográfico.

Una mujer de 55 años es abandonada por su esposo. Tras un episodio de enajenación transitoria, decide pasar el verano en su pueblo natal de Minnesota. Salvo un bebé, los hombres no pisan la escena. Mujeres hay muchas y juntas cubren un largo ciclo vital: de los 3 a los 102 años.

¿Qué interés tiene como argumento el adulterio de un marido sesentón después de 30 años de matrimonio? Respuesta: ninguno. ¿Qué hace valiosa esta novela?: altas cotas de introspección y una mordaz elevación intelectual. Porque Hustvedt, como su protagonista, fusiona «filosofía, ciencia y literatura en un solo aliento». 

Vence la osadía de colmar el multifacético deseo sexual, de recorrer un trecho sin el otro, de aventurarse en una nada incierta, o en un incierto todo. Pero saber que amamos y que no dejaremos de amar convierten la infidelidad y la ruptura en un absurdo teatro. El compromiso se rompe «sólo para sufrir un exquisito y grotesco tormento mental»

Respiro el parecido con su novela anterior, Elegía para un americano (Anagrama). Ambas destilan una locura soterrada. Locura tratada, contenida, razonada.

La narración fluye libre y está dirigida con maestría, originalidad y aplomo. Poemas, cartas, mensajes electrónicos, inventarios y dibujitos infantiles adornan y completan una trama excelentemente compuesta que vibra por sí sola.

22 de marzo de 2013

I. Thays: Un sueño fugaz

Iván Thays: Un sueño fugaz.
(Anagrama).

Rebusqué y lo encontré: cuerpo lateral derecho, tercer estante inferior, entre Neuman y Baricco: Un sueño fugaz.

No sé qué dice un armario librero de su dueño. De lejos, el mío trasluce orden aparente. De cerca, advierto un caos absoluto en su interior. Pienso en sencillas libretas Moleskine llenas de anotaciones retorcidas. En el botón de retroceso del teclado. En exámenes espléndidos luciendo tachones. Y me obligo a continuar.

Dentro de Un sueño fugaz el éxito y el fracaso son efímeros compadres, vivencias banales, trajes de quita y pon. Un escritor sin nombre se hace viejo. La gordura y el fracaso son su propiedad más tangible: su literatura «nunca agarró carne». El prólogo —confiado, arriesgado, vanguardista— contiene su juventud y sus quince minutos de gloria. Después de ello la vida se derrumba lentamente. «A veces una insignificancia cualquiera nos precipita al abismo de nosotros mismos».

Sospecho que Thays esconde a un falso flaco (sic). El traje de hombre invisible es un mero disfraz. Lo adivino desnudo y robusto, tal cual llegó al mundo, en la carátula de su último libro (Un lugar llamado oreja de perro, Anagrama).

15 de marzo de 2013

S. Zweig: Novela de ajedrez


Stefan Zweig: Novela de ajedrez.
Acantilado. Traducción de Manuel Lobo.


Schachnovelle!, descubre mi marido. La leyó para su asignatura de alemán hace más de dos décadas, en esa zona bilingüe y fronteriza donde se crió. Asegura que no tuvo influencia en su vida, pero juega bien al ajedrez y se hizo matemático.

Que un libro condicione la existencia es proyección mía, por supuesto. ¡Un LIBRO!, exclama conmovido el protagonista de esta novela fugaz. Llevaba meses apresado por los nazis, sometido a la tortura de la reclusión e incomunicación absolutas. «Nada en el mundo puede oprimir tanto el corazón del hombre como la nada».

El librito describía partidas de ajedrez. La identidad maltrecha atrapando migajas de cordura. La lógica y el pensamiento estratégico esquivando la desesperación.

Novela de ajedrez posee el refinamiento de una fórmula científica envuelta en el brillo de una sinfonía de Mozart. Zweig embruja aunando facetas.


* Agradezco a Estrella Tenorio su recomendación. Confío en que hayamos hecho tablas.

10 de marzo de 2013

H. Koch: La cena & Casa de verano con piscina


Herman Koch: Het diner & Zomerhuis met zwembad.
Anthos.

Koch se atreve. Elegantemente, sin aspavientos, hurga en las entrañas de la sociedad holandesa. Una sociedad que empuja a sus individuos a gravitar en la normalidad. Una sociedad aparentemente libre gobernada por vanos convencionalismos.

De la construcción impecable de ambas novelas surge un retrato reconocible y turbador. El verdadero rostro revelado, temido, plausible.

La cultura no reprime los instintos que la biología justifica. Frente al ímpetu de los instintos (la supervivencia, la protección de la especie, el deseo sexual), poco pueden hacer la ley, la educación, la inteligencia.

Termino de leer sintiéndome un plátano podrido. La normalidad no existe, dentro de Dr. Jeckyll se esconde Mr. Hyde. Presagio a Mr. Hyde. Mejor salgo de casa. Pasaré la noche en el contenedor de basura (aquí bien cerca).

* Publicados en español por Salamandra: La cena & Casa de verano con piscina.

3 de marzo de 2013

J.M. Coetzee: La infancia de Jesús

John Maxwell Coetzee: De kinderjaren van Jezus.
Cossee. Traducción de Peter Bergsma.

Coetzee quiso que su última novela se publicara primero en traducción al neerlandés. La historia transcurre en un país hispanohablante indefinido (se mencionan lugares de Chile, Bolivia, Venezuela… incluso de Suecia) al que desde un campo de refugiados llegan Simón, un hombre adulto, y David, un niño de cinco años a cuya madre biológica ellos buscan.

Dos aclaraciones: 1) Coetzee es un escritor al que admiro; poder anticipar la lectura de su nueva obra me pareció una circunstancia dichosa. 2) Suelo redactar estas microcríticas sin leer reseñas previas, guiándome, digamos, por una intuición racional que evite en lo posible influencias ajenas.

Sin embargo esta vez no ha sido así. He leído toda la información disponible ­—en neerlandés, en inglés, incluso en afrikáans— sobre la obra. He leído también Aquí y ahora (Anagrama & Mondadori), buscando en la correspondencia reciente con Auster algo parecido a un encuentro o conversación con Coetzee, que en la vida real no concede entrevistas.

Llegados a este punto, la palabra es desconcierto. En mi opinión, ninguna de las críticas vistas dice demasiado, y creo haber terminado una novela que no entiendo. No hay una línea argumental clara, ningún personaje adquiere peso o relevancia verdaderos, nada se resuelve, se multiplican los cabos sueltos, ningún tema es tratado en profundidad.

Tal vez esta lengua troceada en monosílabos que riegan aleatoriamente la escritura me confunde y probablemente me equivoco, pues Coetzee es un autor inteligente y experto. Él mismo confiesa no tener «paciencia para la narrativa que no intenta algo que no se haya intentado ya», y que no quiere «despedirse con un producto vergonzosamente malo en la chochez» (Aquí y ahora).

Cabe en ese caso avanzar en otra dirección: La infancia de Jesús encierra un mensaje cifrado, lo que Coetzee pretende es despistar. Su novela es una fábula, como la misma Biblia, como cualquier religión, un cuento cruel y arbitrario, a ratos ingenuo. Precisamente es El Quijote la obra que leen los protagonistas… escrita por Benengeli, el nombre que Cervantes se dio a sí mismo.

¿Cuál es entonces el mensaje cifrado? Desde mi punto de vista, una cuestión fundamental: cómo la educación cambia a un niño. Bajo la tutela de su madre adoptiva, David se convierte en poco tiempo en una criatura detestable. El modelo occidental actual (los niños como centro de atención) los vuelve tiranos irracionales a cuyos deseos se pliegan hasta los adultos más sensatos. Consentir a un niño es un crimen aberrante, un acto cobarde y absurdo. Quizá. Coetzee. Venga a decir.

* El 7 de marzo sale a la venta el original en inglés (The childhood of Jesus) y en septiembre está previsto que la lance en español Random House Mondadori, con el título de La infancia de Jesús.
** Benengeli, hijo del ciervo: http://elpais.com/diario/2005/12/31/babelia/1135990219_850215.html