19 de enero de 2014

L. Foschini: El abrigo de Proust

Lorenza Foschini: El abrigo de Proust.
Impedimenta. Traducción y postfacio de Hugo Beccacece.

El frío es una dolencia incurable que empeora con el tiempo. Proust, donante de esperma de la literatura moderna y friolero congénito, se cobijaba bajo un abrigo oscuro forrado de piel de nutria. Temblaba a todas horas y convirtió esta prenda en su segundo pellejo: allá donde estuviera, el abrigo lo arropaba.

Lorenza Foschini (periodista, escritora y traductora italiana) recoge por azar la pista de un tal Jacques Guérin, famoso perfumista poseído por un gran amor a la literatura y un afán coleccionista desbocado. Él y sus pesquisas para atrapar el abrigo de Proust son los protagonistas de una inusitada intriga literaria.

Resulta maravilloso revivir a Proust a través de sus objetos. Saber, por ejemplo, que sus plastrones de seda eran de un rosa cremoso perseguido durante mucho tiempo. ¿No contiene esta obra la herencia proustiana más profunda? Un abrigo convertido en fetiche y bucle melancólico, como su magdalena. Y a la vez, ¿no traiciona precisamente lo que Proust se empeñó en demostrar: que las menudencias privadas nada dicen del valor de la obra del artista, pues esta se asienta en su «yo profundo»?

El debate queda abierto, pero este libro no es biografía sino crónica: la de la persecución y el hallazgo de un abrigo que actualmente yace en los fondos del Museo Carnavelet (París).

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