19 de febrero de 2014

C. Peri Rossi: Playstation

Cristina Peri Rossi: Playstation.
Visor Libros. XXI Premio Fundación Loewe.

La poesía es una relación clandestina, un cuarto secretamente visitado.

[Inciso: Si leo poesía no soy capaz de escribir prosa (ni verso)].

Abro, por fin, tres volúmenes esperados durante meses: Habitaciones privadas (Menos cuarto), Poesía Reunida (Lumen) y Playstation. Tres libreros en tres ciudades distintas me ayudaron. Libreros: doctores que prescriben lecturas a cambio de poco dinero.

Sorna. Ironía. Humor. Lucidez. Peri Rossi escribe sin miedos ni tapujos (qué otro modo hay de escribir: no sé). Sus palabras: empuje sensual y vigoroso, cópula alegre, aluvión de oxitocina. Oxitocina: molécula afrodisíaca o del amor; relacionada con los patrones sexuales, actúa como neurotransmisor en el cerebro. Fuente: Wikipedia.

Ella dice escribir para que la gente la quiera. Mi caso debe ser pedestre: me hago adicta a sus fisuras, no logro leerla sin amarla: «Podría escribir los versos más tristes esta noche, / si los versos solucionaran la cosa».

La poesía es una relación clandestina. Estación de juego, playstation. Voy por la cuarta lectura y no me contento. Una partida más y me acuesto.

* A Cristina Peri Rossi. Con admiración y con afecto.

14 de febrero de 2014

M. Van Zonneveld: No

Mieke Van Zonneveld: No
Traducción propia con el permiso de la autora.

No, elegido mejor poema del año escrito en lengua neerlandesa en el Turing Gedichten Wedstrijd 2013. Al certamen se presentaron casi diez mil obras. Va por su 5.ª edición. Van Zonneveld (1989) es la primera mujer que logra el premio. 

Un texto hecho de esquirlas y asperezas que rascan sin clemencia. 

El poema original se puede leer aquí





 
 
No
A veces era una vacilación. Un niño en la playa
que iba lavando con su cubo. Yo decía no estoy
sucio pero gracias igualmente. Y él: sí te has
manchado, hay arena por todas partes. Al despertar
me sentía miserable. En mis trayectos jamás una
señal pero en mis sueños se tornan multitudes.
Cuando era joven no me preocupaba, seguía la
tentación y ella no ha vuelto a traerme a casa. No
hay en el mundo paz alguna, ningún padre que
espere mi regreso, no hay en el mundo paz alguna.

Surgió algo en mí que nadie conseguía dominar, me
perseguía, me prometía una existencia exuberante.
El deseo, decía mi padre, es la raíz del mal. Entendía
que era cierto pero lo entendía tarde, el inmenso
vacío me devoraba y me regurgitaba. No hay en el
mundo paz alguna, ninguna alegría que no se
subleve, no hay en el mundo paz alguna. Esta
es mi convicción y hoy la busco en un cubo 
que cuelga de la mano de un niño. Él se acerca 
y repito hasta el hastío no gracias. 

9 de febrero de 2014

H. Abad Faciolince: El olvido que seremos

Héctor Abad Faciolince: El olvido que seremos.
Seix Barral. Colección Booket.

Llegué a Santiago de Cali cuando Colombia aún era «el país más violento del mundo». El cártel de la ciudad se hallaba recién decapitado. Era mi primer viaje a América. No iba a hacer turismo. A mi alrededor: belleza, salsa, habla dulce, vida exuberante. Dentro de mí: los terrores y sombras de siempre. Fueron seis semanas felices. Ocupaba la presidencia Ernesto Samper.

En 1987, Héctor Abad Gómez, profesor universitario jubilado y activo defensor de los derechos humanos, fue asesinado en Medellín. Una muerte más dentro del huracán imparable de crímenes que sacudía el país por todos los costados, y en el que estaban implicados gobierno, ejército, paramilitares, guerrilleros y matones al paso.

No era la primera desgracia en la familia Abad. Un tiempo atrás había fallecido de cáncer de piel una de las cinco hermanas del autor, Marta. Tenía dieciséis años. A partir de entonces, «la vida no es otra cosa que una absurda tragedia sin sentido para la que no vale ningún consuelo».

Novela, pues, de duelo y de denuncia, donde el autor —Héctor hijo— lleva a cabo un emotivo ejercicio de memoria familiar y política. El amor de los hijos por los padres es equiparable al amor de los padres por los hijos.

Junto al deleite literario, El olvido que seremos es también manual de supervivencia: alguien querido muere y un puñado de lecciones vitales se vuelven su legado.

Olvido seremos, es lo seguro. «La única posibilidad de olvido y de perdón, consistía en contar lo que pasó».

* A Guadalupe Galán: dank je wel.