27 de marzo de 2014

A. Kristof: Claus y Lucas

Agota Kristof: Claus y Lucas.
El Aleph Editores. Traducción de Ana Herrera y Roser Berdagué.

Termino Claus y Lucas, la obra magna de Agota Kristof, una escritora gigante, sublime, magnífica. De momento, no hay palabras. De momento, me sacude el llanto. Un llanto imparable, aterrador, frente al velador de un café cualquiera. 

Entre hechos y fábulas aparece una linde minada que es inevitable traspasar. El sufrimiento penetra en los sueños y, a voluntad, retuerce la realidad. 

Lo vivido son pedazos que lo contado desperdiga todavía más lejos. No hay refugio fuera ni cobijo dentro. La identidad es una farsa, una casa en obras, un ejercicio narrativo del que es imposible escapar. 

Tres novelas, una sola historia. Una obra donde el dolor es la verdad permanente sostenida por cuadernos llenos de mentiras. Escritos por unos niños, una autora, unos hombres que recosen sus heridas hasta la locura, hasta el día en que descubren que podrán volver a estar juntos, lanzarse al tren, pues «no habrá ya razón para seguir».  

16 de marzo de 2014

L. Trotski: Mis Peripecias en España

Lev Trotski: Mis Peripecias en España.
Reino de Cordelia. Traducción de Andrés Nin. Prólogo de José Esteban. Ilustraciones de K. Rotova.

Su apellido era Bronstein y su sobrenombre “La Pluma”, por su voracidad lectora y aptitud para el ejercicio literario. Trotski llegó luego, tras pasar por la cárcel de Ordesa, en su Ucrania natal. Lo tomó prestado de uno de sus centinelas.

Prisión, persecución y destierro fueron inherentes a su vida (1879-1940). De sus dos exilios siberianos escapó en trineos y carros. De la Cárcel Modelo de Madrid fue liberado administrativamente. En Coyoacán sobrevivió a cuatrocientos disparos lanzados sobre su dormitorio, pero el piolet de Ramón Mercader le perforó el cráneo.

Trotski fue expulsado de Francia en plena I Guerra Mundial. Su destino impuesto fue España, adonde llegó a finales de 1916. Pasaría aquí dos meses desconcertantes, sin entender el idioma, ignorando casi todo sobre el país (excepto a Cervantes), vigilado y encarcelado en Madrid sin motivo aparente. En diciembre, por fin, partió con su familia desde Barcelona hacia Nueva York.

Mis Peripecias en España, publicado en 1929, recoge los apuntes que Trotski tomó durante esas semanas de aventura, un retrato «escueto y sin pretensiones», no exento de humor, de un país que «se ha dejado decaer», desigual y corrupto, de limpiabotas descalzos, de masas analfabetas, dominado por iglesias y bancos.

Sorprenden su actividad incesante y ansia de saber: tanto en Madrid como en Cádiz visita museos, rememora El Quijote, recorre bibliotecas, ve zarzuela, va al cine, lee todo lo que cae en sus manos sobre la historia de España. Gentes, paisajes y costumbres merecen sus reflexiones: «Se llegaron a suprimir los Autos de Fe; pero se conservaron las corridas de toros. Sin embargo, entre la barbarie de las corridas de toros y la de quemar a una bruja, la diferencia no es grande».

Trotski, revolucionario culto y pacifista al que la historia tratará de forma macabra. Con la Revolución de Octubre Lenin lo nombra Comisario de Guerra, puesto desde el que creará y dirigirá el Ejército Rojo. Tras la muerte de Lenin, Stalin se encargará de borrar a Trotski de la faz de la tierra.

En Madrid, ante su absurda situación de preso, escribía en su cuaderno: «Acostado en la cama de la cárcel, me reía. Me reí hasta que quedé dormido».

7 de marzo de 2014

E. Wharton: Construir una novela

Edith Wharton: Construir una novela.
José J. de Olañeta, Editor. Colección Centellas. Traducción de Agustín López Tobajas y María Tabuyo.

Hablamos de una obra enana: apenas 150 páginas en 14x9x1 centímetros. Me gusta que un libro quepa en un bolsillo, poder camuflar el acto de leer. En mi primer empleo —becaria en una fábrica de automóviles— me descubrieron leyendo en el baño la Autobiografía de Darwin, de la minúscula Alianza Cien. No me renovaron el contrato. Sin embargo como especie tuve suerte: sobreviví a un trabajo soporífero y deshumanizador.

Wharton analiza los tipos de novela y examina los principios que rigen su adecuada construcción. El tercer y último ensayo lo dedica a Marcel Proust, al que considera un genio mayor dentro del arte narrativo.

Encuentro ridículo ampliar el resumen de una obra tan breve (aunque densa). Aquí, unas citas fuera de contexto:

«Cualquiera que posea la capacidad de escribir realmente bien habitualmente lo sigue haciendo con una persistencia inquebrantable».
«El artista depende del ambiente para el desarrollo adecuado de sus dotes».
«Existe en el intelecto humano un poder de expansión que se pone en acción por el simple acto de pensar y repensar los hechos».
«La autobiografía no es la creación de un novelista, sino el autoanálisis de una persona de talento».

Cualquier novela de Wharton sirve para ilustrar su teoría. Por ejemplo, El hijo de la Sra. Glenn (Reino de Cordelia).

1 de marzo de 2014

I. Thays: Un lugar llamado Oreja de Perro

Iván Thays: Un lugar llamado Oreja de Perro
Anagrama.

Un periodista frente a las aburridas palabras. Un pueblo perdido y golpeado. Un hijo muerto. El dolor abierto de una separación.

Escribo con la garganta apretada. Dónde ubicar las decisiones absurdas que tomamos. De algún sitio remoto viene la mudez. El desamor sin desamor nos lleva al limbo de los muertos. Romper por carta. Romper a distancia. Decir, hacer. No saber qué. Al fondo: el penoso final, la nada punzante. No volver a enfrentarte, no volverte a ver.

Un lugar llamado Oreja... es una obra sobre el peso de la perra vida, ese rottweiler que cae sobre los hombros. Escenas impregnadas de llovizna. Palas de tierra sobre un cadáver ya enterrado. Tristeza dentro de la tristeza, «un naufragio dentro de otro». Lloras cuando te exprimen (cual esponja); pero cuando nada te estruja no derramas gota. 

El opuesto de la memoria no es la amnesia, es la ficción (sic), «una ficción en la que todo tendrá sentido». Siento frío en las tripas, el viejo quebranto. Esta novela me ha dejado rota.