12 de julio de 2014

R. Valencia: Sonría a cámara

Roberto Valencia: Sonría a cámara.
Lengua de trapo.

NOTA PREVIA: Microcrítica en forma de entrevista ficcional. Con el consentimiento de Roberto Valencia.

1. Al leer sus relatos tuve la sensación de hallarme en el Teatro Griego del Parque Güell. Intuía una firme estructura bajo mis pies pero no conseguía visualizarla. Muéstreme la Sala Hipóstila, por favor. 
La estructura del libro es un tono: el de ese narrador en tercera persona que te empuja todo el tiempo y que miente y que da información superabundante. Igual que Google, vamos.

2. ¿De dónde vienen esas frases largas?
¿Por qué tanto estupor ante frases largas? No es la primera vez que me lo preguntan. Yo escribo así. Lo elijo. O no lo elijo.

3. La pornografía, ¿tiene futuro? 
Sobrevivirá a la mayoría de los libros. Pero me trae sin cuidado, la pornografía.

4. Algunas de sus historias contienen referencias ingenieriles. ¿Qué poso dejan las disciplinas aprendidas?
Una inercia para pensar según determinadas constricciones. En el caso de la ingeniería, el rigor, la utilidad (sic) y cierto manierismo bueno-malo que simplifica mucho la realidad (sic x 2).

5. Por favor, sonría a cámara. (¡Clic!)


6. Ya casi hemos terminado. ¿Alguna pregunta más?
Sí. ¿Cuándo se van a ir de mi casa?

3 de julio de 2014

S. Anderson: Muerte en el bosque

Sherwood Anderson: Muerte en el bosque.
Ediciones Traspiés. Traducción de Miguel Á. Martínez-Cabeza.

No soy filóloga. Mis lagunas literarias son enormes. Hago lo que puedo por paliarlas. Para subsanar ese vacío necesitaré muchos años. Es una pena grande pero procuro no pensar en lo pendiente. Aspiro a vivir/morir medio en paz.

Constato, por ejemplo, que hasta hace poco nunca había oído hablar de Sherwood Anderson. [La ignorancia: otro infinito]. Prolífico y aclamado autor norteamericano, amigo de Gertrude Stein, mentor de Faulkner, modelo generacional de Hemingway y Steinbeck. Y más. Cultivó todos los géneros pero sobresalió por sus relatos. Traspiés recoge en Muerte en el bosque trece de estas historias: cortas-magníficas-todas.

La primera da título al volumen y abre paso al universo lírico de Anderson. Resulta difícil referirse a este autor por su apellido en lugar de por su nombre de pila, idéntico al de tan legendario bosque inglés. Con un lenguaje pelado, sus historias culebrean entre ascuas y recovecos. Hay que acercarse a ellas despacio y de puntillas, asomarse sin hacer ruido. Muertes, relaciones familiares, naturaleza. Individuos perfilados por sus condiciones de vida; el amor como voz absurda; el misterio de la belleza.

Dicotomías varias barren sus relatos: campo/ciudad, hombres/mujeres, ricos/pobres. “Encuentro en el Sur” nos habla, además, de un joven William Faulkner. «Por razones de comodidad», en el cuento aparece como David. Anderson acababa de conocerlo en Nueva Orleáns. 

Creo en cualquier caso que, por mucho que yo diga, lo mejor es leer al autor. Dejo unas citas y me arrojo a leer a Faulkner. Mientras agonizo. (Y mientras termina este mundial).

«De joven, se había pasado todas las horas de todos los días dándole de comer a alguien. Caballos, vacas, cerdos, perros, hombres. Cuando empezó a parecer vieja —todavía no había cumplido los cuarenta— iba por la casa y el corral murmurando sola».
«Uno viene de la ciudad y como las colinas son verdes y el agua de los arroyos clara, piensa que la gente de las montañas tiene que ser en el fondo clara y dulce».
«Las personas así, que siempre han tenido dinero y una posición segura van por la vida seguras de sí mismas, sin miedo a nada».
«En cualquier momento nuestros familiares pueden hacernos cosas extrañas y dolorosas. Hay que vigilarlos».
«Había algo, un impulso vital destructivo, en todas las relaciones humanas».
«Imagino que todos los hombres y mujeres que tienen algo saben que podrían perderlo fácilmente».
«Estar solo no significa ir donde no hay gente. Significa estar donde todos son desconocidos».
«Las vidas están hechas de una reducida serie de situaciones que se repiten una y otra vez en los pueblos y ciudades de todos los países».