17 de junio de 2015

Ó. Santos Payán: Un libro que podría titularse El baile de la berenjena

Óscar Santos Payán: Un libro que podría titularse El baile de la berenjena.
Ediciones Baladí, colección Caleidoscopias. Ilustrado por Macarena Alagarín.


«Ante la sombra de un futuro incierto, el presente había desvelado, en pocos días, secretos hasta entonces inimaginables».

Sufro cuando no hallo tiempo para la lectura y la soledad, pero a veces el remolino laboral-doméstico todo lo devasta. En medio de esa aridez, sabe a oasis Un libro que podría titularse El baile de la berenjena.

Gorrión tiene 15 años y su padre es panadero en Cataratas del Mar, pueblo carente de mar, de agua y de horizonte a la vista. Desde su vidriosa adolescencia, se acaricia la cara «persiguiendo un poco de barba». Por suerte, las fiestas patronales les brindan a él y a su mejor amigo la ocasión de enfrentarse a la extrañeza de la vida y de fantasear con el deseo, los secretos y la oportunidad del amor.

Cuántas buenas novelas patinan estrepitosamente en el diálogo sin lograr volver a levantarse. No es el caso de esta obra, en la que la conversación constituye las branquias de los personajes y la rampa por la que se deslizan la comicidad, bravura e ingenuidad adolescentes sin que nada chirríe.

Un libro que podría… retrata un mundo rural en camino de extinción que muchos de los aún vivos conocimos. Habladurías, tradiciones, control social y temor al qué dirán. El cura, el cacique, el sargento y el alcalde rigiendo el pueblo.

Como contrapunto a todo ello aparece la figura de Genaro, quien vive «a las afueras del pueblo y a las afueras de todo». De él reciben los jóvenes protagonistas algún verso y lecciones de vida inestimables: «El amor es lo único que importa»; «No tengáis nunca en cuenta las cosas que se dicen, sino las que se hacen»; «Los cobardes nunca llegan a ser felices»; «Rasca en la piel de un altruista y encontrarás la sangre de un cínico». Junto con Rosario y Dulcinea, Genaro compensa lo mísero y ruin que los rodea, y hace que lo experimentado en esas fiestas de San Jorge valga la pena.

Este libro de título largo posee la esponjosidad de la berenjena y la finura de un pasodoble tragicómico. Celebro su edición esmerada e imagino que hago como Genaro: «Me quedo aquí descansando y oyendo a los grillos gritarle al cielo».

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