28 de junio de 2017

N. Ginzburg: Y eso fue lo que pasó

Natalia Ginzburg: Y eso fue lo que pasó.
Acantilado. Prólogo de Italo Calvino. Traducción de Andrés Barba.


«Pensaba que en mi vida no había hecho otra cosa que mirar fijamente en aquel pozo oscuro que había en mi interior».

Cuesta volver a escribir. Cuesta volver a casi todo lo que se abandona.

Y eso fue lo que pasó fue la segunda novela de Ginzburg (È stato cosí, en el original). La publicó en 1947, tres años después de que Leone, su primer marido, muriera torturado en Roma. A él va dedicado el texto, cuya brevedad no ahorra desesperación ni penumbra.

«Intentaba escribir a pesar de mi infelicidad, sin dejar que enturbiara las cosas que escribía. Aunque para llegar a ese punto es necesario que la infelicidad sea en nosotros una conciencia absoluta, inexorable y mortal», dijo la autora años más tarde sobre esta obra.

Después de cuatro años de matrimonio, una mujer (protagonista de la que no llegamos a saber el nombre) mata de un disparo a su marido. Desde la mesa de la cocina de casa, en el cuaderno de la compra, se convierte en narradora de los años previos al homicidio.

Los sentimientos fluctúan sin que alcancemos a entenderlos: ni los propios ni mucho menos los de los otros. Se repiten los errores como se repite el cansancio de vivir. Descubrir qué carga nuestro fuero interno no es fácil. La confrontación con la verdad sucede de manera continua y dolorosa, a menudo sin que resuelva nada.

«Y eso fue lo que pasó», afirma la amante del marido.

Ginzburg, con su paleta de genio, pinta, lúcida, una obra amarga.