23 de diciembre de 2017

2017: adiós


Por primera vez lo hago porque por primera vez sucede: las mejores obras de este año no han sido literarias sino cinematográficas, vistas en lugar de leídas. Sin microcrítica de por medio, aquí van esos filmes, que recomiendo vivamente. Pasen muy felices fiestas.

Les uns et les autres (1981), de Claude Lelouch.



Cinema Paradiso (1988), de Giuseppe Tornatore. 

















17 de diciembre de 2017

E. Haffner: Hermanos de sangre

Ernst Haffner: Hermanos de sangre. Una novela berlinesa.
Seix Barral/Booket. Traducción de Fernando Aramburu. Prólogo de Peter Graf.

«La figura de Ernst Haffner está envuelta en misterio. Sólo se sabe que fue periodista y trabajador social, y que muy probablemente estuvo en contacto con chicos como los que describe en su novela». Con el ascenso del partido nazi al poder y la llegada de la guerra, el rastro de Haffner se pierde. Un año después de su publicación en 1932, Hermanos de sangre es quemada y prohibida. Transcurren ochenta años hasta que vuelve a editarse.

Berlín, invierno, inicios de los años treinta. Cientos de jóvenes callejeros habitan la ciudad, rodeados de frío y de miseria. La lucha por la vida se improvisa cada jornada, con el hambre y la búsqueda de un techo como únicos guías. Viven con las nalgas al aire arropados por la solidaridad de grupo, único cobijo real del que disponen: «A ese Berlín enorme, despiadado, no es posible vencerlo a solas para arrancarle un mínimo diario de medios de subsistencia».

Hurtos. Ingenio. Prostitución. Policía. Huidas. Bares inmundos. Tabaco, alcohol, ruido. Centros de menores. Enfermedades venéreas. La suerte. La original titulación, a modo de completo resumen, de cada capítulo. Todo por 7,95 euros en edición de bolsillo.

«Se trata de una lectura intensa que suscita en ocasiones dolor físico, si bien no está exenta de un fondo de esperanza», comenta en el prólogo Peter Graf.

Me siento culpable. Tengo casa, libros, comida caliente. He pagado, por tan feroz historia, un precio que se me antoja ridículo.

1 de diciembre de 2017

E. Zamiátin: Nosotros

Evgueni Zamiátin: Nosotros.
Ediciones Akal. Traducción y prólogo de Sergio Hernández-Ranera.

«Nosotros es una novela rompedora, como no podía ser de otra manera en un hombre que se hallaba construyendo un rompehielos mientras la escribía», dice Sergio Hernández-Ranera. Un hombre que, según este mismo prologuista, «era un genio».

Fue escrita en 1920, aunque desde ningún punto de vista lo parezca. Vio la luz en 1924 en traducción al inglés. Con el fin de desbloquear su carrera literaria, Zamiátin pidió permiso a Stalin para ser expulsado o poder salir de la URSS. En el código penal soviético de entonces, el exilio se encontraba tan solo un escalón por debajo de la pena de muerte. Frente al silencio y la censura literarios, Zamiátin lo consideró más soportable.

La autorización para salir de la URSS le fue concedida (su milagrosa carta a Stalin va incluida en esta edición). Zamiátin falleció en París en 1937, en la miseria y sin reconocimiento. Hasta 1988, a la vez que la orwelliana 1984, Nosotros no se publicó en ruso.

De distopías, totalitarismos y ciencia ficción vamos bien servidos hoy en día, pero en 1920 la novela de Zamiátin supuso una revolucionaria novedad. Orwell reconoció haberla leído con entusiasmo, y los elementos que comparte con 1984 son más que obvios.

D-503, el protagonista y narrador (ingeniero como Zamiátin; número como el resto de personajes de Nosotros), es el constructor del INTEGRAL, la nave que abandonará la Tierra para llevar «la felicidad matemáticamente infalible» a otras zonas del universo. Se dirige a los habitantes de esos otros mundos en un tono ingenuo y un tanto infantil, como a veces muestran los hombres de ciencia. Intenta resumir los entresijos del Estado Único en anotaciones concisas y ordenadas, mientras que como individuo-número su vida se complica.

Un mundo bajo control amenazado por la irracionalidad de la imaginación y sus inexactas matemáticas. El poder como fin en sí mismo, calculador, sin límites ni conciencia.

Tantas cosas parecen mentira —tantas cosas parecen improbables— que el curso futuro, como siempre, se torna imprevisible.