17 de junio de 2018

A. Monterroso: La palabra mágica

Augusto Monterroso: La palabra mágica.
Navona Editorial.


«Cada vez que un escritor logra crear un estilo, se dice de este que es inimitable. Lo que no es cierto. El verdadero elogio consistiría, quizá, en decir lo contrario».

No había dedicado hasta ahora ninguna microcrítica a Navona, sello poco presente aún en mi biblioteca pero del que espero rodearme con mayor asiduidad en el futuro.

Excelente doble impresión: física y lectora. Ojalá más libros fueran así: forrados en tela, de pulcra edición y llenos de masa verdaderamente literaria. Ineludibles como la colección que incluye esta palabra mágica de Monterroso.

«Vivir es común y corriente y monótono. Todos pensamos y sentimos lo mismo: solo la forma de contarlo diferencia a los buenos escritores de los malos».

Cuentista y ensayista, Monterroso (1921-2003) deslumbró con su arte breve, inciso, profundo y clarísimo, lleno de humor e ironía. Entre otros premios, recibió el Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2000.

En esta obra (la edición original data de 1983), Monterroso habla de autores queridos (Quiroga, Shakespeare, Cervantes, Miguel Ángel Asturias, Góngora, Quevedo, Montaigne, Borges), de traducciones, de derroteros vitales, de géneros literarios, de pequeñas vanidades y de los difíciles tragos que a veces presenta, en sentido amplio, la literatura.

«Traducir puede ser muy fácil, muy difícil o imposible, según lo que te propongas y el tiempo y el hambre que tengas».

Algo queda patente: la literatura poco tiene que ver con el dinero; el alijo cultural no puede calcularse en comunes términos económicos. Aunque en momentos de su vida poseyera pocos bienes materiales, Monterroso se mantuvo fiel a los dictados del patrimonio literario acumulado en su esqueleto.

«Los buenos libros son buenos libros y sirven para señalar los vicios, las virtudes y los defectos humanos. Pero no para cambiarlos».

Además de los ensayos, La palabra mágica contiene tres piezas de ficción o de algo que se le parece mucho: ‘La cena’, ‘De lo circunstancial o lo efímero…’ y ‘Las ilusiones perdidas’. Vuelve a manifestarse el mejor fabulador, el que dice que «ninguna fábula es dañina, excepto cuando alcanza a verse en ella alguna enseñanza».

«Por más inmortales que lleguen a ser, es evidente que los escritores, los artistas y, si hay que forzar las cosas, las personas en general, se mueren».

Así lo hizo él en 2003. El destino de sus libros continuó fuera de sus manos.

10 de junio de 2018

N. Parra: Poemas y antipoemas

Nicanor Parra: Poemas y antipoemas.
Ediciones Cátedra, Letras Hispánicas. Edición de René de Costa.


Ciento tres años de vida —y una muerte el pasado 23 de enero— dieron para comentar casi todo lo que se puede comentar sobre la obra de Nicanor Parra. 

No hablaré por tanto de sus Poemas y antipoemas, a los que cualquiera puede acercarse con un poco de tiempo y curiosidad (9,65 euros en la confiable Cátedra).

Me acuerdo entretanto de una estrofa que uno de mis tíos me recitaba de niña. Un poema absurdo que aprendí de memoria y que a veces me repetía yo sola para que me entrara la risa. Descubro que proviene de una jota «de humor y sin rima», pero yo lo registro ahora como antipoema verdadero:

Debajo del puente
tengo escondido un melón
si me guardas el secreto
te daré una tajada.

«...la vida no tiene sentido», dice Parra, y estoy de acuerdo. Sin embargo, es verano en Holanda, no tengo ganas de líos, y la nevera rebosa de fruta fresca.

* A mi tío Cruz.

29 de mayo de 2018

S. Zweig: Erasmo de Rotterdam

Stefan Zweig: Erasmo de Rotterdam.
Paidós. Traducción de Rosa S. Carbó.


«Es raro que un hombre de trabajo callado e infatigable se construya una biografía vistosa».

Erasmus van Rotterdam (1466-1536). Nacido fuera del matrimonio y de nombre Desiderio. Criado en Gouda desde su primera infancia. De padre sacerdote y madre (probablemente) ama de llaves.

No fue el espíritu más valiente de su época —era miedoso, detestaba el conflicto—, pero sí «una naturaleza aglutinante», esa «clase de hombre que tiene que envejecer para tener repercusión en el mundo».

Su frágil salud e hipersensibilidad (a los hedores, al tumulto, a la incultura) acentuaban en él el sufrimiento. Era un solitario empedernido. Un ser volcado en su interior. Un amante de la paz al que la modestia le parece sin duda «más efectiva que la fogosidad».

«Raramente las naturalezas que comprenden son las que actúan, pues la amplitud de miras frena la fuerza de arranque».

No era un hombre de acción ni tampoco un revolucionario. Intuye el violento futuro pero se parapeta detrás de sus libros. «Tiene la oportunidad de detectar como nadie los momentos históricos, y la incurable falta de ánimo para tomar una decisión».

Sin embargo, abonó el terreno para la Reforma religiosa llevada a cabo —por otros— poco tiempo después. Propuso a Europa el universalismo, y se le puede considerar el primer teórico del pacifismo: no encallarse en diferencias y hostilidades sino «buscar una unidad superior para todo lo aparentemente inconciliable», con el latín como lengua facilitadora de esa unidad.

Consideró el fanatismo el más acérrimo enemigo de la razón: su fuerza brota de los abismos de los instintos y «destruye todos los diques». Resulta difícil imaginar a seres más opuestos en talante, creencias y ambiciones que Erasmo y Lutero. Según Zweig, no son las tesis de Lutero lo que intranquiliza a Erasmo, sino el tono demagógico de su discurso, la exaltación con la que el Lutero actúa y escribe. Eran contemporáneos pero su encuentro en persona nunca se produjo. Erasmo lo evitó por todos los medios.

«Raramente los poderes decisivos, el destino y la muerte, se le presentan al hombre sin avisar. Siempre envían previamente un vago mensaje, pero el aludido casi siempre desoye la misteriosa llamada».

Los fanáticos y alborotadores constituyen un tranvía que termina por pasar, como si una indefectible masa de viajeros estuviera esperándolos. El conflicto crece en Europa y todos quieren ganarse el beneplácito de Erasmo, Lutero el primero. Erasmo elude la toma de partido. A última hora, se opone públicamente a Lutero como mejor sabía: por escrito. Lutero no se lo perdonará jamás.

La venganza de los llenos de sí mismos, ese histórico espanto. Poseídos por el incendio de su ego, se lanzan sin escrúpulo a reventar la yugular del adversario.

«El sentido de todas las pasiones es desfallecer».

Erasmo desaprovechó al menos dos grandes ocasiones para mediar en el conflicto político-religioso que cambiaría el mapa de Europa. Eternamente dubitativo, no intervino en la Dieta de Worms ni en la de Augsburgo. «Si hubiera estado allí, hubiera podido hacer todo lo posible para que la moderación evitara esta tragedia», reconoció más tarde. «El ausente nunca tiene razón».

El humanismo no llegó a triunfar, aunque Montaigne, Spinoza, Diderot, Voltaire, Kant, Tolstoi y muchos otros recogerán su testigo en defensa del «espíritu de conciliación».

Esta biografía, como lo será también la de Montaigne (última e inacabada obra de Zweig), son en realidad autobiografías camufladas. Para Zweig, «la humanidad nunca podrá vivir ni crear sin el consuelo de la ilusión de progreso moral». Como Erasmo, vio correr el desconsuelo de la desilusión ante sus ojos y decidió no continuar. Las últimas palabras de Erasmo las dijo en neerlandés, su lengua materna: «Lieve God» (amado Dios).

17 de mayo de 2018

Breves notas sobre crítica literaria


El pasado 19 de abril se celebró en el Instituto Cervantes de Utrecht el Día Internacional del Libro y de los Derechos de Autor. Con algunas modificaciones, dejo aquí mi aportación a la mesa redonda “Mujeres y libros”.



En qué consiste y para qué sirve la crítica literaria

Parece que la crítica literaria consiste en el análisis y valoración de obras literarias. Es una disciplina de origen griego iniciada por Dionisio de Halicarnaso, creador del método comparatista (Wikipedia). También puede entenderse en sentido divulgativo, como reseña. «Las reseñas nacieron con los periódicos», en parte para hacer una crítica de un libro y en parte para informar al público de la existencia de ese libro (Woolf, Leer o no leer 200-201).

Existen críticas guiadas por el rigor metodológico y otras más dirigidas hacia la subjetividad. Importante es que las dos fundamenten sus afirmaciones, que transmitan una opinión razonada que oriente al posible lector.

La crítica literaria no es en ningún caso un resumen de una obra ni una opinión a la ligera. No es un me gusta/no me gusta. «El gusto por un libro lo decide el propio lector» (Maud).

La página de Wikipedia sobre "crítica literaria" en español incluye incontables nombres de críticos hombres. Junto a ellos aparecen los de tres mujeres: Sor Juana Inés de la Cruz, Emilia Pardo Bazán y Beatriz Sarlo.



Qué otras cosas puede ser la crítica literaria

Afirmó Virginia Woolf que «leer consiste en eliminar completamente el ego» ("Carta a Ethel...", ctd en Calle del Orco), y que «el significado de un libro es, sin duda, difícil de captar» (Las mujeres 102). Dejó escrito también que no se puede reseñar una obra sin tener ideas propias o expresar tu visión sobre las relaciones humanas (35).

En el artículo “Borges crítico”, Sergio Pastormerlo plantea que «Borges fue centralmente un crítico literario, y la poesía y la narración ocupan, en comparación, un lugar lateral en su literatura». El primer texto publicado por Borges fue de hecho una reseña, “Chronique”, y a lo largo de su vida escribió unos mil textos de crítica literaria (6-7).

Umberto Eco, por su parte, indica que «entre la intención inaccesible del autor y la discutible intención del lector existe una transparente intención del texto que descarta interpretaciones banales» (65). Es en este espacio interpretativo donde la crítica tendría su función fundamental: interrogar al texto, desenmascararlo, acercarse a su último sentido, «cristalizar en palabras aquello que el escritor ha dejado tan abierto como oculto» (Maud).

La pregunta que guía una lectura crítica es: ¿cuánto de literatura, de imperecedero, hay en estas líneas, en estas páginas? Desde este ángulo la crítica literaria no estaría al servicio de los autores, ni de las editoriales, ni siquiera de los lectores. Estaría al servicio del texto y de la literatura.

La crítica parte del hecho lector para llegar al acto creativo: arrojar un nuevo texto. Pensaríamos de este modo la crítica como creación, como página en blanco al final de cada libro. Un lugar que abraza la reflexión filosófica, el ensayo, el relato, el poema, el diálogo, la autobiografía, la metaliteratura o el aforismo. Un género literario —híbrido, mestizo— en sí mismo.

Los lectores de ahora forman parte activa del mundo del libro en mayor medida que en el pasado. Las opiniones sobre lecturas saltan hoy al ámbito público sin ningún tipo de impedimento. Estamos ante la democratización y la universalización de la crítica. Sucede en todos los campos: ya no es el crítico gastronómico el único que juzga la calidad de un restaurante: somos todos, y con el libro pasa lo mismo.

¿Conduce esto a la devaluación de la crítica? Posiblemente. ¿No resultaría útil entonces la crítica de la crítica? Igual que las editoriales filtran el torrente a publicar, ¿podríamos someter la crítica literaria a la crítica? Alto, advertencia: «Si los lectores de literatura son una minoría, y los de crítica son una minoría de esa minoría, ¿quién podría interesarse por la crítica de la crítica?» (Todorov, ctd en Pastormerlo 8).



Mujeres y hombres hacen crítica

Ser mujer, como cualquier otra categoría humana, no te convierte en alguien más válido ni valioso por definición. Pero no debería convertirte en invisible.

En palabras de Woolf otra vez: «...aunque los hombres son los mejores juzgando a los hombres, y las mujeres a las mujeres, cada sexo tiene un lado que solo el otro conoce, y no solo en lo referente a las relaciones amorosas» (Las mujeres 46).

Como lectora y como crítica, me someto continuamente a cierto control. Me preocupa discriminar a un grupo frente al otro de manera inconsciente, no importa en qué dirección. No llevo cuentas exactas, pero procuro no leer solo a hombres o solo a mujeres durante mucho tiempo. Me esfuerzo en lo posible por hacerlo realidad. Eso sí: siempre que sus libros sean buenos.

Para crecer y ensancharse, cualquier disciplina requiere del rigor desde lo diverso. La crítica literaria, como las obras a las que somete a juicio, es fruto de años de pensamiento común universal. Cuanto más rico logre hacerse el caudal de este pensamiento, mayor será nuestra comprensión de la literatura; con ella, la del mundo; y con ambas, nuestra transformación interior. Metamorfosis de la que el arte al fin y al cabo parece que trata.

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1. "Crítica literaria". Wikipedia, la enciclopedia libre. 17 mar 2018. <es.wikipedia.org/wiki/Cr%C3%ADtica_literaria>.
2. Eco, Umberto. Confesiones de un joven novelista. Lumen, Barcelona, 2011.
3. Maud, Mónica. “La crítica literaria”. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2004. <http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcrb7d1>
4. Pastormerlo, Sergio. “Borges crítico”. Universidad de La Plata, 1997. <https://www.borges.pitt.edu/sites/default/files/0301.pdf>.
5. Todorov, Tzvetan: Crítica de la crítica. Paidós, Barcelona, 1991.
6. Woolf, Virginia: “Carta a Ethel Smyth, 29 de julio de 1934”. Calle del Orco, 28 mar 2018. <https://calledelorco.com/2018/03/28/leer-es-la-completa-eliminacion-del-ego-virginia-woolf/>.
7. Woolf, Virginia. Las mujeres y la literatura. Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2017.
8. Woolf, Virginia. Leer o no leer y otros escritos. Abada Editores, Madrid, 2013.

8 de mayo de 2018

P. Gøtzsche: Medicamentos que matan y crimen organizado

Peter Gøtzsche: Medicamentos que matan y crimen organizado.
Los libros del lince. Traducción de Pau Gros Calsina. Prólogo de Joan-Ramon Laporte.


Leer también sirve para que un hijo diga que quiere ser médico y una parte de ti se eche a temblar.
 
- Todos los fármacos son nocivos y esto no siempre se tiene en cuenta o se sabe.
- Los medicamentos son la tercera causa de muerte después del cáncer y las enfermedades cardiovasculares en los países occidentales, aunque el dato no lo recojan las listas oficiales de mortalidad.
- Nos venden medicamentos para enfermedades inexistentes; consumirlos conlleva graves riesgos para la salud.
- Las farmacéuticas mienten: vician el diseño de sus ensayos clínicos, manipulan los resultados, ocultan información vital para la ciencia y el progreso médico. Su maquinaria (organizativa, financiera, legal, publicitaria) es tremendamente poderosa. Sus procedimientos sesgan vidas y corrompen nuestros sistemas de salud.

Son algunas de las declaraciones de Peter Gøtzsche, bioquímico y médico investigador danés, cofundador y director del Centro Nórdico Cochrane de Copenhague, especializado en la revisión de metodologías e intervenciones médicas.

No se acerquen espíritus conformistas ni agitadores camorristas a este libro: es una obra seria y minuciosa. Hay rigor, contraste, análisis, visión de conjunto, conocimiento de causa, aparato crítico. Y muy pocos pelos en la lengua para señalar el lado oculto de un negocio lucrativo como pocos.

El propósito inicial de la medicina (ayudar a sanar partiendo del juramento hipocrático: ante todo, no dañar), se ha desvirtuado. Un sistema corrupto basado en el privilegio y el enriquecimiento personal no podrá estar guiado nunca por el altruismo y la solidaridad que el cuidado de la salud exige. Como en la buena literatura (médica en este caso), Medicamentos que matan… nos arroja a las temibles ramificaciones de la condición humana. Los intereses económicos de las grandes farmacéuticas (the Big Pharma) son descomunales. Destacar ciertos datos frente a otros se traduce en ganancias o pérdidas de miles de millones.

Las revisiones de Gøtzsche evidencian el operar corrupto de una larga cadena de agentes implicados. Medicamentos que matan… no es un ensayo contra la medicina sino contra una extendida mala praxis. Contra un proceder a costa de la salud de todos para el enriquecimiento de unos pocos.

Por favor, saque la lengua, veamos qué hay ahí dentro, diga “aaa”.

La cuestionable utilidad de los chequeos.
El creciente número de enfermedades y tratamientos mentales.
Las asociaciones de enfermos financiadas por las farmacéuticas.
El peligro de la concentración de poder.
Los escándalos impunes que se olvidan rápido.
La falta de límites y escrúpulos de la avaricia.
Las jugosas trampas de la medicina alternativa.
Etc.

Cuántas revoluciones quedan pendientes todavía. Cuánta revisión de las reglas del juego y de nuestras premisas.

No tengo que remontarme a Erich Fromm para recordar que existen muchos tipos de amor.

Es difícil no querer —y agradecer su labor— a Peter Gøtzsche.

1 de mayo de 2018

I. Mínguez Arnáiz: Que viene el lobo & Qwerty

Itziar Mínguez Arnáiz: Que viene el lobo & Qwerty.
Ediciones de La isla de Siltolá.

Compré ambos a la vez. Me atrajeron sus títulos y leer «Nicanor Parra» en una de las fajas. Faja en la que luego tomé estas notas.

I. Que viene el lobo. Poemario-cometa. Sencillo en apariencia. Hecho de materiales presentes en casi todas las casas: quién no esconde un miedo o una duda bajo la cama, a quién no le acompaña una pregunta al desvestirse. El conjunto alza el vuelo sujeto por hilo fuerte y una mirada directa.


Algunas piezas rozan el aforismo, como

     «RULETA RUSA

     ¿Y si llega ese día?
     ¿Cómo vas a saber cuál de las dos verdades debes silenciar?».

Acompaña a la obra un magnífico cierre que no voy a revelar. Sí citaré otro poema. Podría rebautizarse ÉTICA. Pero Mínguez Arnáiz lo llamó

     «ESTUDIOS SUPERIORES

     Aquel día que fuiste a recoger
     tu título académico a la Universidad

     cruzabas el puente de Deusto
     recién licenciada en Derecho
     y tuviste que reprimir las ganas
     de tirarlo a la ría

     no lo hiciste porque era un acto
     manifiestamente incívico».

II. Qwerty. Con frecuencia la palabra perfecta no aguarda a nuestros pies, sino bajo la yema de los dedos. Nota de la autora: «Qwerty es una autobiografía poética donde trato de entender mi relación con el poema contada en clave de historia de amor». De amor y de humor, pues lo recorre la tragicomedia:

     «LOS CRÍTICOS

     A mí me parece muy bien
     todo lo que dicen

     espero que sea recíproco».


Unitario y cabal, Qwerty constituye una franca reflexión sobre la vocación, la identidad y el quehacer poeta:

     «EL OFICIO DE ESCRIBIR

     La primera vez
     que puse los dedos
     sobre una Olivetti
     y tecleé con la mano izquierda
     QWERTY
     supe
     que no había
     escapatoria».

O:

     «POÉTICA

     Recuerda esto:
     el poema manda

     es él quien tiene
     la última palabra».


Cuánta honestidad.
Cuánta sencillez.
Cuánto respeto al oficio.

Repito lo que ya dije de esta autora: la quiero aquí, conmigo, cerca.

* Reseña publicada el 1 de mayo de 2018 en Las Críticas: http://lascriticas.com/index.php/2018/04/30/que-viene-el-lobo-y-qwerty-de-itziar-minguez-arnaiz/

24 de abril de 2018

A. Strindberg: Solo

August Strindberg: Solo.
Mármara Ediciones. Traducción de Manuel Abella.


Blaise Pascal vino a decir, allá en el siglo XVII, que todos nuestros problemas derivan de nuestra incapacidad para permanecer solos y tranquilos en una habitación.

Strindberg (1849-1912) publicó Solo en 1903. No achaca todos males del mundo a una única causa, ni considera que el destino deseable para todos sea la soledad. Pero sí viene a decirnos con claridad meridiana que, quien ame el conocimiento, necesitará aislarse de los otros: aprender a estar solo y defender esa muralla esencial.

Más que un sesudo ensayo sobre la soledad (173 páginas, siete capítulos), Strindberg presenta una colección de anécdotas y reflexiones imbricadas vivamente en su mundo inmediato y su universo interior. Destaca en la obra entera una ausencia patente de adoctrinamiento. Señorías, esto vale para mí es el tono. ¿No me busco yo la vida? Que piensen por sí mismos los otros.

«Regresar a casa solo y en silencio era reencontrarme conmigo mismo, envolverme en mi propia atmósfera espiritual, en la que me sentía cómodo, como cuando uno se pone ropa que le cae bien».

La acción transcurre en Suecia, donde asistimos al paso de las estaciones y a emotivos retratos de ese país hibernal.

«Creo que estar solo es mi destino, lo mejor para mí. Pero en la soledad, a veces, mi cabeza se sobrecarga y amenaza con estallar. Por eso uno debe observarse. […] Echo en falta a la gente, pero la soledad me ha vuelto tan sensible como si mi alma estuviera desollada».

Al final caben el pensamiento y alguna compañía. La soledad por encima de todo. El espíritu. El silencio. Y la contemplación de la felicidad.