14 de julio de 2018

G. Orwell: Burmese Days



* Este texto fue publicado el 09/07/2018 en Estado Crítico: http://www.criticoestado.es/el-peor-enemigo-de-un-libro/


El peor enemigo de un libro

«There is more in it than meets the eye».
«But who that has not suffered it understands the pain of exile?».

Compré Burmese Days en un puesto callejero de Bangkok, ciudad donde a los pocos meses fallecería Manuel Vázquez Montalbán, quien veinte años antes había publicado, precisamente, una novela titulada Los pájaros de Bangkok, que yo había leído en casa de mis padres de niña.

Aquí, breve toma de aire.

El recuerdo de esa casualidad (morir en un lugar extraño en el que —¿por albur literario?— situó una de sus tramas carvalhanas) me acompaña todavía. Los surcos del azar, que diría Machado. Porque con cada cosa que hacemos, allá que vamos: a sus fauces. Distraídos y optimistas. Desmemoriados una vez más.

Era mi primera vez en Asia (¿dónde empieza y termina un continente?). En contraste con otras zonas de Tailandia, en ese 2003, gracias al turismo y al anhídrido carbónico, Bangkok ya se había convertido en una urbe insufrible. Estaba embarazada de mi primer hijo y no hacía más que respirar porquería. Quería salir de la ciudad, huir de tanta gente ray-ban, comprasouvenir y cámara-en-ristre. Pocas veces me he sentido tan sola y desterrada.

Como casi todos los libros que se adquieren durante los viajes, Burmese Days también era en inglés y de segunda mano. Compruebo que estas características son comunes a la mayoría de los ejemplares deteriorados de mi biblioteca. Libros que se compran ya viejos y descoloridos, dañados por el sol, la humedad y un trajín previo que nunca llegaremos a descifrar. Volúmenes que alguien, por alguna razón —¿pudiera ser de peso?— abandona a una nueva suerte de la que tú resultas parte.

Abrí el libro, ya no sé si fue en 2003, y me alegré de que empezara con un mapa (dónde estaría yo sin mapas). Sí sé que me sumergí en esos ya lejanos días de Birmania —ahora también Myanmar—, y que volví a caer rendida ante el tío Orwell. El familiar de aquella infancia de 1984 y Animal Farm. El miliciano de Homenaje a Cataluña. El autor de la rolliza colección de ensayos comprada posteriormente.

Las notas que creí tomar durante la lectura de Burmese Days han desaparecido, si es que existieron alguna vez. Sin embargo, el recuerdo es todavía nítido. El ambiente húmedo y asfixiante del verano de Birmania. El clasismo. El racismo. El sexismo. Las desigualdades. El atroz colonialismo. Lo reprimido junto al exceso y lo terrible junto a lo bello. Los giros abruptos de una historia en la que en definitiva nada sale bien.

Mi ejemplar de Burmese Days no solo luce ajado. También exhala cierto olorcillo, procedente tal vez de las flores aplastadas entre sus páginas. Flores del trópico feroz.

«A thought occurred to him, one of those rash thoughts that usually lead to trouble».

Está visto que el peor enemigo de los libros es viajar. Y que el peor enemigo de un viaje es un libro.

Burmese Days (Penguin Books, 1989), de George Orwell | 299 páginas | 150 ฿

7 de julio de 2018

L. Meruane: Contra los hijos

Lina Meruane: Contra los hijos (una diatriba). 
Literatura Random House, 2018.


Contra los hijos responde, como indica su subtítulo, al sentido de la palabra diatriba: texto «acre y violento contra alguien o algo».

No ha sido escrito para que sus argumentos sean silenciados. Tampoco para que se piensen o comenten como quien mira la lluvia o se unta bronceador durante un domingo pacífico. Está escrito para descomponer nuestro escenario y cuestionar la convención: qué se es, qué lugar se ocupa, qué se quiere, qué se hace. Está escrito para avivar la discusión e impulsar una muy necesaria controversia: la del sacro imperio filial. Sus realidades. Su problemática. Sus implicaciones. Sus premisas.

No hace falta ser madre ni padre para opinar con conocimiento de causa, igual que no hace falta ser profesional de la política para votar con argumentos.

Este ensayo comenzó su andadura, cuenta la autora, en 2010, en la revista Etiqueta Negra. En 2014 lo publicó en formato libro Tumbona Ediciones. En versión revisada y ampliada, apareció el pasado febrero de la mano de Random House. Una cuestión vieja, por tanto, vieja y actual como nuestro pie sobre el mundo.

Corren grandes riesgos quienes se atreven a mirar y a ver distinto. Incisiva y sagaz, Meruane encara al sistema sin excluirse a sí misma, pues todos ocupamos alguna vez el centro de la diana. Contra los hijos se impregna de la rebeldía constante de su literatura. La autora destapa heridas que ya estaban abiertas, ata cabos, revisa la historia, interconecta pasillos visibles y subterráneos. Aquilata su discurso lleno de sentido y a ritmo vertiginoso va volcando su palabra mediadora.

Organizado en siete capítulos, no hay página libre de reflexión perspicaz o crítica constructiva. Algunos párrafos lanzan un dibujo turbador (por real), como el dedicado a las mujeres creadoras:

«Las creadoras-sin-hijos ejercen dos labores de manera alternada o simultánea: el trabajo asalariado y el trabajo creativo rara vez remunerado o remunerado de manera insuficiente. Las creadoras-con-hijos añaden otro trabajo ad honorem. Este último, además de ser sin salario, es sin días libres, sin vacaciones y tiene otra complicación: el cuarto propio de la creación suele estar dentro de la casa compartida por el hijo, un ser que no respeta puertas, que no conoce límites. Si para la creadora-sin-hijos tener dos trabajos es pesado e interfiere con su obra, para la otra, la con-hijos, las horas del día resultan insuficientes porque al horario asalariado hay que añadirle la implacable rutina materna y entonces, ¿de dónde saca el espacio temporal y mental para el oficio creativo?».

Un hijo es carne de dispendio, como también lo son el hogar unipersonal o la pareja sin hijos: a ninguna situación hace ascos la sociedad de consumo. Un hijo es tiempo, horarios, rutinas. Es espacio, necesidades, inquietudes. Un hijo es instinto, y también una decisión altamente meditada. Un hijo es escuela: de afectos, de resistencia, de límites propios y ajenos. Ante todo, un hijo es un hijo, una persona a largo plazo cuya vida marcan a fuego sus progenitores y algún que otro agente exterior.

Puesto que la completa independencia de criterio y acción no existe (nada viene de la nada, nuestras elecciones tampoco), un hijo es una convención como otra cualquiera. Reconocer los flancos débiles no soluciona el problema. Lo que conviene al adulto normalmente no le conviene al hijo. Lo que conviene al individuo no le conviene al Estado. Lo que conviene a la mujer no le conviene al hombre. Y sus contrarios.

Resulta difícil evitar la marea parental, no sucumbir apedreada bajo sus obligaciones o ante el creciente halo de frivolidad y estupidez que la rodea, a veces incluso desde antes del nacimiento, como esa moda horrenda de las baby showers.

Se podría seguir hablando, añadiendo al árbol nuevas ramas.

Por ejemplo, si frente a la categoría “madre” o “padre” podríamos quizá pensar en la de “personas con hijos”. O si convendría estudiar de mejor modo cómo afectan los hijos a las relaciones de pareja, si son compatibles familia y pareja en medio de las transformaciones que un hijo trae consigo, o qué sucede con esa pérdida de (necesaria) intimidad a menudo irrecuperable.

Se mire por donde se mire, hay algo común a todos: vivir complica.
A las mujeres, más todavía.

Lina Meruane (Santiago de Chile, 1970) ha publicado la colección de relatos Las infantas (1998), las novelas Póstuma (2000), Cercada (2000), Fruta podrida (2007) y Sangre en el ojo (2012) y los ensayos Viajes virales (2012) y Volverse Palestina (2014). Por Sangre en el ojo recibió el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.

29 de junio de 2018

Y. M. de la Cavada: El deseo de repetir



* Este texto fue publicado el 11/06/2018 en Estado Crítico: 

Mi supervivencia depende en gran medida del silencio y no sé absolutamente nada de música moderna. Con excepción de los Beatles, todos los grupos que menciona este libro son perfectos desconocidos para mí, incluido David Bowie.

Se comprenderá entonces que recelara de El deseo de repetir, un texto con banda sonora. Y sin embargo…

Y sin embargo me gustó desde el primer instante. La dedicatoria, la nota biográfica, la primera página. Algo en esas líneas emitía un alto grado de sinceridad. Como si fueran las primeras notas de un trabajo bien hecho.

El deseo de repetir es la primera novela del crítico musical Yahvé M. de la Cavada (1977). Más que una generación, pienso que retrata cierta cara de un país y una época. Vidas que pisan ya la madurez (nacieron en los setenta y ochenta) pero a las que no les queda otro remedio que recortar aspiraciones y adaptarse a lo que hay: incertidumbre y temporalidad, una precariedad absoluta tanto en el amor como en el trabajo.

Se las apaña bien el autor para que los personajes reflejen este estado de estrechez y decepción, con la música como sistema vinculante pero cada uno desde su soliloquio:

«El miedo te vuelve permisivo, contigo mismo y con los demás».
«La ruptura preventiva es la tendencia».
«Cuando no sabes qué quieres, todo tiene un valor difuso».
«No sé seguir de ninguna otra forma que no sea seguir, sin más».
«El mayor problema (en este país) no es que nos mintieran, sino que todos nos lo creímos a pies juntillas».
«Yo no consigo empaparme de su constante discurso de todo va a ir bien, ya lo verás. A mí de momento no me va tan bien».
«Un corazón roto solo se arregla cuando se arregla. Nunca antes. Y, desde luego, no depende de ti».
«en general, este país es una mierda en lo musical».
«solo podía pensar en que no sabía qué quería hacer, qué podía hacer, ni qué iba a hacer».

Como parte del juego narrativo, uno solo de los personajes rompe el formato introspectivo y “habla” fugazmente en algunas páginas. Percatarme de ello me llevó lo suyo, aunque el autor tiene sus razones. Qué sentido tiene el epílogo del gato sería otra pregunta que yo haría al escritor.

Termino este texto en el bosque, a una hora en que no hay nadie, ni siquiera paseantes de perros. Atrapo los últimos rayos de sol y me digo que este libro, en general, es bueno. No hay pose ni vacías pretensiones. No hay una sola errata. Nada se deja al azar. Me digo que la literatura también es esto: el deseo de contar, de reproducir la vida sobre papel, conseguir que suene más allá de este ahora caduco e implacable del que tan poco sabemos.

Y por fin, el silencio.
Hermoso silencio.


El deseo de repetir (Aloha Editorial, 2018), de Yahvé M. de la Cavada | 179 páginas | 14,25 euros.

17 de junio de 2018

A. Monterroso: La palabra mágica

Augusto Monterroso: La palabra mágica.
Navona Editorial.


«Cada vez que un escritor logra crear un estilo, se dice de este que es inimitable. Lo que no es cierto. El verdadero elogio consistiría, quizá, en decir lo contrario».

No había dedicado hasta ahora ninguna microcrítica a Navona, sello poco presente aún en mi biblioteca pero del que espero rodearme con mayor asiduidad en el futuro.

Excelente doble impresión: física y lectora. Ojalá más libros fueran así: forrados en tela, de pulcra edición y llenos de masa verdaderamente literaria. Ineludibles como la colección que incluye esta palabra mágica de Monterroso.

«Vivir es común y corriente y monótono. Todos pensamos y sentimos lo mismo: solo la forma de contarlo diferencia a los buenos escritores de los malos».

Cuentista y ensayista, Monterroso (1921-2003) deslumbró con su arte breve, inciso, profundo y clarísimo, lleno de humor e ironía. Entre otros premios, recibió el Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2000.

En esta obra (la edición original data de 1983), Monterroso habla de autores queridos (Quiroga, Shakespeare, Cervantes, Miguel Ángel Asturias, Góngora, Quevedo, Montaigne, Borges), de traducciones, de derroteros vitales, de géneros literarios, de pequeñas vanidades y de los difíciles tragos que a veces presenta, en sentido amplio, la literatura.

«Traducir puede ser muy fácil, muy difícil o imposible, según lo que te propongas y el tiempo y el hambre que tengas».

Algo queda patente: la literatura poco tiene que ver con el dinero; el alijo cultural no puede calcularse en comunes términos económicos. Aunque en momentos de su vida poseyera pocos bienes materiales, Monterroso se mantuvo fiel a los dictados del patrimonio literario acumulado en su esqueleto.

«Los buenos libros son buenos libros y sirven para señalar los vicios, las virtudes y los defectos humanos. Pero no para cambiarlos».

Además de los ensayos, La palabra mágica contiene tres piezas de ficción o de algo que se le parece mucho: ‘La cena’, ‘De lo circunstancial o lo efímero…’ y ‘Las ilusiones perdidas’. Vuelve a manifestarse el mejor fabulador, el que dice que «ninguna fábula es dañina, excepto cuando alcanza a verse en ella alguna enseñanza».

«Por más inmortales que lleguen a ser, es evidente que los escritores, los artistas y, si hay que forzar las cosas, las personas en general, se mueren».

Así lo hizo él en 2003. El destino de sus libros continuó fuera de sus manos.

10 de junio de 2018

N. Parra: Poemas y antipoemas

Nicanor Parra: Poemas y antipoemas.
Ediciones Cátedra, Letras Hispánicas. Edición de René de Costa.


Ciento tres años de vida —y una muerte el pasado 23 de enero— dieron para comentar casi todo lo que se puede comentar sobre la obra de Nicanor Parra. 

No hablaré por tanto de sus Poemas y antipoemas, a los que cualquiera puede acercarse con un poco de tiempo y curiosidad (9,65 euros en la confiable Cátedra).

Me acuerdo entretanto de una estrofa que uno de mis tíos me recitaba de niña. Un poema absurdo que aprendí de memoria y que a veces me repetía yo sola para que me entrara la risa. Descubro que proviene de una jota «de humor y sin rima», pero yo lo registro ahora como antipoema verdadero:

Debajo del puente
tengo escondido un melón
si me guardas el secreto
te daré una tajada.

«...la vida no tiene sentido», dice Parra, y estoy de acuerdo. Sin embargo, es verano en Holanda, no tengo ganas de líos, y la nevera rebosa de fruta fresca.

* A mi tío Cruz.

29 de mayo de 2018

S. Zweig: Erasmo de Rotterdam

Stefan Zweig: Erasmo de Rotterdam.
Paidós. Traducción de Rosa S. Carbó.


«Es raro que un hombre de trabajo callado e infatigable se construya una biografía vistosa».

Erasmus van Rotterdam (1466-1536). Nacido fuera del matrimonio y de nombre Desiderio. Criado en Gouda desde su primera infancia. De padre sacerdote y madre (probablemente) ama de llaves.

No fue el espíritu más valiente de su época —era miedoso, detestaba el conflicto—, pero sí «una naturaleza aglutinante», esa «clase de hombre que tiene que envejecer para tener repercusión en el mundo».

Su frágil salud e hipersensibilidad (a los hedores, al tumulto, a la incultura) acentuaban en él el sufrimiento. Era un solitario empedernido. Un ser volcado en su interior. Un amante de la paz al que la modestia le parece sin duda «más efectiva que la fogosidad».

«Raramente las naturalezas que comprenden son las que actúan, pues la amplitud de miras frena la fuerza de arranque».

No era un hombre de acción ni tampoco un revolucionario. Intuye el violento futuro pero se parapeta detrás de sus libros. «Tiene la oportunidad de detectar como nadie los momentos históricos, y la incurable falta de ánimo para tomar una decisión».

Sin embargo, abonó el terreno para la Reforma religiosa llevada a cabo —por otros— poco tiempo después. Propuso a Europa el universalismo, y se le puede considerar el primer teórico del pacifismo: no encallarse en diferencias y hostilidades sino «buscar una unidad superior para todo lo aparentemente inconciliable», con el latín como lengua facilitadora de esa unidad.

Consideró el fanatismo el más acérrimo enemigo de la razón: su fuerza brota de los abismos de los instintos y «destruye todos los diques». Resulta difícil imaginar a seres más opuestos en talante, creencias y ambiciones que Erasmo y Lutero. Según Zweig, no son las tesis de Lutero lo que intranquiliza a Erasmo, sino el tono demagógico de su discurso, la exaltación con la que el Lutero actúa y escribe. Eran contemporáneos pero su encuentro en persona nunca se produjo. Erasmo lo evitó por todos los medios.

«Raramente los poderes decisivos, el destino y la muerte, se le presentan al hombre sin avisar. Siempre envían previamente un vago mensaje, pero el aludido casi siempre desoye la misteriosa llamada».

Los fanáticos y alborotadores constituyen un tranvía que termina por pasar, como si una indefectible masa de viajeros estuviera esperándolos. El conflicto crece en Europa y todos quieren ganarse el beneplácito de Erasmo, Lutero el primero. Erasmo elude la toma de partido. A última hora, se opone públicamente a Lutero como mejor sabía: por escrito. Lutero no se lo perdonará jamás.

La venganza de los llenos de sí mismos, ese histórico espanto. Poseídos por el incendio de su ego, se lanzan sin escrúpulo a reventar la yugular del adversario.

«El sentido de todas las pasiones es desfallecer».

Erasmo desaprovechó al menos dos grandes ocasiones para mediar en el conflicto político-religioso que cambiaría el mapa de Europa. Eternamente dubitativo, no intervino en la Dieta de Worms ni en la de Augsburgo. «Si hubiera estado allí, hubiera podido hacer todo lo posible para que la moderación evitara esta tragedia», reconoció más tarde. «El ausente nunca tiene razón».

El humanismo no llegó a triunfar, aunque Montaigne, Spinoza, Diderot, Voltaire, Kant, Tolstoi y muchos otros recogerán su testigo en defensa del «espíritu de conciliación».

Esta biografía, como lo será también la de Montaigne (última e inacabada obra de Zweig), son en realidad autobiografías camufladas. Para Zweig, «la humanidad nunca podrá vivir ni crear sin el consuelo de la ilusión de progreso moral». Como Erasmo, vio correr el desconsuelo de la desilusión ante sus ojos y decidió no continuar. Las últimas palabras de Erasmo las dijo en neerlandés, su lengua materna: «Lieve God» (amado Dios).

17 de mayo de 2018

Breves notas sobre crítica literaria


El pasado 19 de abril se celebró en el Instituto Cervantes de Utrecht el Día Internacional del Libro y de los Derechos de Autor. Con algunas modificaciones, dejo aquí mi aportación a la mesa redonda “Mujeres y libros”.



En qué consiste y para qué sirve la crítica literaria

Parece que la crítica literaria consiste en el análisis y valoración de obras literarias. Es una disciplina de origen griego iniciada por Dionisio de Halicarnaso, creador del método comparatista (Wikipedia). También puede entenderse en sentido divulgativo, como reseña. «Las reseñas nacieron con los periódicos», en parte para hacer una crítica de un libro y en parte para informar al público de la existencia de ese libro (Woolf, Leer o no leer 200-201).

Existen críticas guiadas por el rigor metodológico y otras más dirigidas hacia la subjetividad. Importante es que las dos fundamenten sus afirmaciones, que transmitan una opinión razonada que oriente al posible lector.

La crítica literaria no es en ningún caso un resumen de una obra ni una opinión a la ligera. No es un me gusta/no me gusta. «El gusto por un libro lo decide el propio lector» (Maud).

La página de Wikipedia sobre "crítica literaria" en español incluye incontables nombres de críticos hombres. Junto a ellos aparecen los de tres mujeres: Sor Juana Inés de la Cruz, Emilia Pardo Bazán y Beatriz Sarlo.



Qué otras cosas puede ser la crítica literaria

Afirmó Virginia Woolf que «leer consiste en eliminar completamente el ego» ("Carta a Ethel...", ctd en Calle del Orco), y que «el significado de un libro es, sin duda, difícil de captar» (Las mujeres 102). Dejó escrito también que no se puede reseñar una obra sin tener ideas propias o expresar tu visión sobre las relaciones humanas (35).

En el artículo “Borges crítico”, Sergio Pastormerlo plantea que «Borges fue centralmente un crítico literario, y la poesía y la narración ocupan, en comparación, un lugar lateral en su literatura». El primer texto publicado por Borges fue de hecho una reseña, “Chronique”, y a lo largo de su vida escribió unos mil textos de crítica literaria (6-7).

Umberto Eco, por su parte, indica que «entre la intención inaccesible del autor y la discutible intención del lector existe una transparente intención del texto que descarta interpretaciones banales» (65). Es en este espacio interpretativo donde la crítica tendría su función fundamental: interrogar al texto, desenmascararlo, acercarse a su último sentido, «cristalizar en palabras aquello que el escritor ha dejado tan abierto como oculto» (Maud).

La pregunta que guía una lectura crítica es: ¿cuánto de literatura, de imperecedero, hay en estas líneas, en estas páginas? Desde este ángulo la crítica literaria no estaría al servicio de los autores, ni de las editoriales, ni siquiera de los lectores. Estaría al servicio del texto y de la literatura.

La crítica parte del hecho lector para llegar al acto creativo: arrojar un nuevo texto. Pensaríamos de este modo la crítica como creación, como página en blanco al final de cada libro. Un lugar que abraza la reflexión filosófica, el ensayo, el relato, el poema, el diálogo, la autobiografía, la metaliteratura o el aforismo. Un género literario —híbrido, mestizo— en sí mismo.

Los lectores de ahora forman parte activa del mundo del libro en mayor medida que en el pasado. Las opiniones sobre lecturas saltan hoy al ámbito público sin ningún tipo de impedimento. Estamos ante la democratización y la universalización de la crítica. Sucede en todos los campos: ya no es el crítico gastronómico el único que juzga la calidad de un restaurante: somos todos, y con el libro pasa lo mismo.

¿Conduce esto a la devaluación de la crítica? Posiblemente. Pero igual que las editoriales filtran el torrente a publicar, ¿no podríamos someter la crítica literaria a la crítica? Advertencia: «Si los lectores de literatura son una minoría, y los de crítica son una minoría de esa minoría, ¿quién podría interesarse por la crítica de la crítica?» (Todorov, ctd en Pastormerlo 8).



Mujeres y hombres hacen crítica

Ser mujer, como cualquier otra categoría humana, no te convierte en alguien más válido ni valioso por definición. Pero no debería convertirte en invisible.

En palabras de Woolf otra vez: «...aunque los hombres son los mejores juzgando a los hombres, y las mujeres a las mujeres, cada sexo tiene un lado que solo el otro conoce, y no solo en lo referente a las relaciones amorosas» (Las mujeres 46).

Como lectora y como crítica, me someto continuamente a cierto control. Me preocupa discriminar a un grupo frente al otro de manera inconsciente, no importa en qué dirección. No llevo cuentas exactas, pero procuro no leer solo a hombres o solo a mujeres durante mucho tiempo. Me esfuerzo en lo posible por hacerlo realidad. Eso sí: siempre que sus libros sean buenos.

Para crecer y ensancharse, cualquier disciplina requiere del rigor desde lo diverso. La crítica literaria, como las obras a las que somete a juicio, es fruto de años de pensamiento común universal. Cuanto más rico logre hacerse el caudal de este pensamiento, mayor será nuestra comprensión de la literatura; con ella, la del mundo; y con ambas, nuestra transformación interior. Metamorfosis de la que el arte, al fin y al cabo, parece que trata.

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1. "Crítica literaria". Wikipedia, la enciclopedia libre. 17 mar 2018. <es.wikipedia.org/wiki/Cr%C3%ADtica_literaria>.
2. Eco, Umberto. Confesiones de un joven novelista. Lumen, Barcelona, 2011.
3. Maud, Mónica. “La crítica literaria”. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2004. <http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcrb7d1>
4. Pastormerlo, Sergio. “Borges crítico”. Universidad de La Plata, 1997. <https://www.borges.pitt.edu/sites/default/files/0301.pdf>.
5. Todorov, Tzvetan: Crítica de la crítica. Paidós, Barcelona, 1991.
6. Woolf, Virginia: “Carta a Ethel Smyth, 29 de julio de 1934”. Calle del Orco, 28 mar 2018. <https://calledelorco.com/2018/03/28/leer-es-la-completa-eliminacion-del-ego-virginia-woolf/>.
7. Woolf, Virginia. Las mujeres y la literatura. Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2017.
8. Woolf, Virginia. Leer o no leer y otros escritos. Abada Editores, Madrid, 2013.