29 de junio de 2018

Y. M. de la Cavada: El deseo de repetir



* Este texto fue publicado el 11/06/2018 en Estado Crítico: 

Mi supervivencia depende en gran medida del silencio y no sé absolutamente nada de música moderna. Con excepción de los Beatles, todos los grupos que menciona este libro son perfectos desconocidos para mí, incluido David Bowie.

Se comprenderá entonces que recelara de El deseo de repetir, un texto con banda sonora. Y sin embargo…

Y sin embargo me gustó desde el primer instante. La dedicatoria, la nota biográfica, la primera página. Algo en esas líneas emitía un alto grado de sinceridad. Como si fueran las primeras notas de un trabajo bien hecho.

El deseo de repetir es la primera novela del crítico musical Yahvé M. de la Cavada (1977). Más que una generación, pienso que retrata cierta cara de un país y una época. Vidas que pisan ya la madurez (nacieron en los setenta y ochenta) pero a las que no les queda otro remedio que recortar aspiraciones y adaptarse a lo que hay: incertidumbre y temporalidad, una precariedad absoluta tanto en el amor como en el trabajo.

Se las apaña bien el autor para que los personajes reflejen este estado de estrechez y decepción, con la música como sistema vinculante pero cada uno desde su soliloquio:

«El miedo te vuelve permisivo, contigo mismo y con los demás».
«La ruptura preventiva es la tendencia».
«Cuando no sabes qué quieres, todo tiene un valor difuso».
«No sé seguir de ninguna otra forma que no sea seguir, sin más».
«El mayor problema (en este país) no es que nos mintieran, sino que todos nos lo creímos a pies juntillas».
«Yo no consigo empaparme de su constante discurso de todo va a ir bien, ya lo verás. A mí de momento no me va tan bien».
«Un corazón roto solo se arregla cuando se arregla. Nunca antes. Y, desde luego, no depende de ti».
«en general, este país es una mierda en lo musical».
«solo podía pensar en que no sabía qué quería hacer, qué podía hacer, ni qué iba a hacer».

Como parte del juego narrativo, uno solo de los personajes rompe el formato introspectivo y “habla” fugazmente en algunas páginas. Percatarme de ello me llevó lo suyo, aunque el autor tiene sus razones. Qué sentido tiene el epílogo del gato sería otra pregunta que yo haría al escritor.

Termino este texto en el bosque, a una hora en que no hay nadie, ni siquiera paseantes de perros. Atrapo los últimos rayos de sol y me digo que este libro, en general, es bueno. No hay pose ni vacías pretensiones. No hay una sola errata. Nada se deja al azar. Me digo que la literatura también es esto: el deseo de contar, de reproducir la vida sobre papel, conseguir que suene más allá de este ahora caduco e implacable del que tan poco sabemos.

Y por fin, el silencio.
Hermoso silencio.


El deseo de repetir (Aloha Editorial, 2018), de Yahvé M. de la Cavada | 179 páginas | 14,25 euros.

17 de junio de 2018

A. Monterroso: La palabra mágica

Augusto Monterroso: La palabra mágica.
Navona Editorial.


«Cada vez que un escritor logra crear un estilo, se dice de este que es inimitable. Lo que no es cierto. El verdadero elogio consistiría, quizá, en decir lo contrario».

No había dedicado hasta ahora ninguna microcrítica a Navona, sello poco presente aún en mi biblioteca pero del que espero rodearme con mayor asiduidad en el futuro.

Excelente doble impresión: física y lectora. Ojalá más libros fueran así: forrados en tela, de pulcra edición y llenos de masa verdaderamente literaria. Ineludibles como la colección que incluye esta palabra mágica de Monterroso.

«Vivir es común y corriente y monótono. Todos pensamos y sentimos lo mismo: solo la forma de contarlo diferencia a los buenos escritores de los malos».

Cuentista y ensayista, Monterroso (1921-2003) deslumbró con su arte breve, inciso, profundo y clarísimo, lleno de humor e ironía. Entre otros premios, recibió el Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2000.

En esta obra (la edición original data de 1983), Monterroso habla de autores queridos (Quiroga, Shakespeare, Cervantes, Miguel Ángel Asturias, Góngora, Quevedo, Montaigne, Borges), de traducciones, de derroteros vitales, de géneros literarios, de pequeñas vanidades y de los difíciles tragos que a veces presenta, en sentido amplio, la literatura.

«Traducir puede ser muy fácil, muy difícil o imposible, según lo que te propongas y el tiempo y el hambre que tengas».

Algo queda patente: la literatura poco tiene que ver con el dinero; el alijo cultural no puede calcularse en comunes términos económicos. Aunque en momentos de su vida poseyera pocos bienes materiales, Monterroso se mantuvo fiel a los dictados del patrimonio literario acumulado en su esqueleto.

«Los buenos libros son buenos libros y sirven para señalar los vicios, las virtudes y los defectos humanos. Pero no para cambiarlos».

Además de los ensayos, La palabra mágica contiene tres piezas de ficción o de algo que se le parece mucho: ‘La cena’, ‘De lo circunstancial o lo efímero…’ y ‘Las ilusiones perdidas’. Vuelve a manifestarse el mejor fabulador, el que dice que «ninguna fábula es dañina, excepto cuando alcanza a verse en ella alguna enseñanza».

«Por más inmortales que lleguen a ser, es evidente que los escritores, los artistas y, si hay que forzar las cosas, las personas en general, se mueren».

Así lo hizo él en 2003. El destino de sus libros continuó fuera de sus manos.

10 de junio de 2018

N. Parra: Poemas y antipoemas

Nicanor Parra: Poemas y antipoemas.
Ediciones Cátedra, Letras Hispánicas. Edición de René de Costa.


Ciento tres años de vida —y una muerte el pasado 23 de enero— dieron para comentar casi todo lo que se puede comentar sobre la obra de Nicanor Parra. 

No hablaré por tanto de sus Poemas y antipoemas, a los que cualquiera puede acercarse con un poco de tiempo y curiosidad (9,65 euros en la confiable Cátedra).

Me acuerdo entretanto de una estrofa que uno de mis tíos me recitaba de niña. Un poema absurdo que aprendí de memoria y que a veces me repetía yo sola para que me entrara la risa. Descubro que proviene de una jota «de humor y sin rima», pero yo lo registro ahora como antipoema verdadero:

Debajo del puente
tengo escondido un melón
si me guardas el secreto
te daré una tajada.

«...la vida no tiene sentido», dice Parra, y estoy de acuerdo. Sin embargo, es verano en Holanda, no tengo ganas de líos, y la nevera rebosa de fruta fresca.

* A mi tío Cruz.