26 de septiembre de 2013

J. Carrasco: Intemperie

Jesús Carrasco: Intemperie.
Seix Barral.

Basta el título para llenarse de desasosiego. Intemperies hay muchas: la pobreza, el frío, el desamor. Los protagonistas de esta obra son un niño y un cabrero. El niño huye de «la flor negra de la familia». El cabrero simplemente estaba allí, durmiendo sus huesos al raso. Juntos libran una batalla mucho más allá de lo que sus fuerzas parecen dar de sí.

El secarral y sus inclemencias enmarcan esta historia, donde la naturaleza hace de andamiaje vital. Comer de lo que hay, no de lo que uno quiere. Leche de cabra, tiras de carne seca. Agua, poca. Sombra, insuficiente. Tabaco y escasas palabras. Un perro, un burro, unas cabras. Un morral. Unas cuerdas.

Se compara a Carrasco con otros escritores. Es un autor nuevo, su primera obra ha tenido éxito, es preciso buscarle una definición (exterior). Encuentro en el tullido ecos de El lazarillo de Tormes; paralelismos con las selvas opresoras de Ben Okri; los horrores infantiles de la primera novela de Hosseini; resonancias de la película Japón; desolaciones similares a las de La lluvia amarilla.

Sin embargo, no hace falta medirlo con nadie. Carrasco construye una historia grave y profunda —suya— y logra la máxima expresividad con las palabras justas. Creo que lo decía Montaigne: lo valioso se rumia en silencio.

* Para Ángel Rincón, cabrero y domador de caballos.

18 de septiembre de 2013

I. Némirovsky: Suite francesa

Irène Némirovsky: Suite francesa.
Salamandra. Traducción de José Antonio Soriano Marco.

Quería escribir sobre El baile (Salamandra), donde Némirovsky demuestra que una mala madre es más dañina que una guerra. Sin embargo, Suite francesa venció.

Redactada en Francia durante los primeros años de la II Guerra Mundial y en vísperas de su propio exterminio, Némirovsky, de origen judío, se propone no descargar odio «sobre ninguna masa de hombres, sean cuales sean su raza, religión, convicciones, prejuicios o errores».

Así, humaniza al enemigo y llama a los alemanes pobres chicos —«admirable disciplina y, en el fondo del corazón, ni una chispa de rebeldía»—, aunque no perdona a los individuos: lo que importa recordar «no es tanto los atentados y rehenes fusilados como la profunda indiferencia de la gente».

Critica duramente el sistema de clases, la mezquindad burguesa y las absurdas convenciones. «Los hechos históricos sólo hay que rozarlos, mientras se profundiza en la vida cotidiana y afectiva y en la comedia que eso ofrece».

La autora concibió Suite francesa en cuatro movimientos, como una sinfonía beethoveniana. Fue arrestada y solo acabó dos. Lo excepcional no nos transforma, decía, pero desvela y afila nuestras aristas. Para conocerse a sí mismo, hay que experimentar también la tempestad.

La calle donde vivo fue ocupada durante la II Guerra Mundial por soldados alemanes. Némirovsky perecía en Auschwitz. Ellos repartían golosinas entre los niños. 

«Poco después, en la carretera, en lugar del ejército alemán sólo había un poco de polvo».

8 de septiembre de 2013

A. Jeftanovic: Escenario de guerra

Andrea Jeftanovic: Escenario de guerra.
Ediciones Baladí.

Novela en tres actos. Símil de un teatro. Espectadores callados. Un telón que levanta y baja su peso. Leo sin tregua, aturdida por una nube de carbono de belleza cristalina y letal.

Supervivencia. Vidas quebradas. Geometría torcida. Interiores punzados. Madre. Padre. Hermanos. Figuras clave que todo lo son. Lenguaje poético y conciso. Frases cortas que se expulsan sujetando el respiro.

Rascar paredes y con el desconchado levantar una obra maestra. Tensar palabras y dispararlas lejos. Desecar lágrimas y extraer un saco de sal. Así es la escritura de Jeftanovic, «un grito en la hoja», en Escenario de guerra.

«Mi deseo es un borde áspero». Fue su primera novela. «Estamos rodeados de restos y fragmentos». Literatura sublime. «Yo también estoy viviendo mi propia guerra». El corazón se me acelera. «Corrí, corrí y los pies se me llenaron de gritos». Dónde leer pronto todo lo demás.