30 de octubre de 2016

S. Orne Jewett: La tierra de los abetos puntiagudos

Sarah Orne Jewett: La tierra de los abetos puntiagudos.
Dos Bigotes. Traducción de Raquel G. Rojas.

«El aire era puro y una no podía desear otra cosa que convertirse en ciudadana de un continente tan diminuto pero completo como aquella tierra de pescadores». 


A veces juzgo un libro por su capacidad para comportarse como un bizcocho de Proust, también llamado por otros bollo, tostada o magdalena. Sé que no estoy en lo universalmente cierto (la ambición de comunión: un delirio), pero una mala obra, amén de tiempo perdido, poco deja en mí.

No fue el caso de esta novela de la norteamericana Orne Jewett (1849-1909), de la que hasta ahora no se ha publicado nada más en castellano. Por su brevedad, unas 160 páginas, en algunas ediciones en lengua inglesa se divulga como novela corta junto con otros relatos de la autora (The country of the pointed firs and other stories).

Publicada en 1896, narra el verano de una escritora en la villa imaginaria de Dunnet Landing, situada en la agreste costa de Maine. Allí, rodeada de calma y de un paisaje sublime, entabla relación con un puñado de inolvidables personajes.

Desde la melancolía que imprime el adiós que se acerca, Orne Jewett plasma con sencillez y arte invisible la vida normal, esa que brilla sin pompa ni pretensiones. Su capacidad para el retrato social y psicológico resulta portentosa. Los personajes muestran un rico interior, a la vez que un sentido de comunidad lleno de empatía y profundos sentimientos.

La tierra de los abetos puntiagudos es un libro de ritmos suaves y prosa perfecta. Una obra que invita al placer de la pausa. Una novela cargada de vivos afectos.

21 de octubre de 2016

M. Waltari: La gran ilusión


Mika Waltari: La gran ilusión.
Gallo Nero. Traducción de Luisa Gutiérrez.


«¡Ojalá pudiéramos saber cuánto dolor se oculta bajo todos los rostros sonrientes!».

Regresar a Waltari me ha hecho feliz. Desde el monumental Sinuhé, el egipcio, no lo visitaba. Él a mí, sin embargo, sí: muchas de las tribulaciones del imperfecto buen Sinuhé siguen conmigo. La literatura —cuando lo es— remuerde la memoria.

Mika Waltari (Helsinki, 1908-1979) fue uno de los mayores escritores de su tiempo, y uno de los autores finlandeses más prolíficos. La gran ilusión fue su primera novela (el primero de sus viajes). Waltari sólo tenía diecinueve años.

Entre París y Helsinki, dos hombres y una mujer componen un triángulo de fuegos y renuncias sustentado por el dolor real de la vida. Son los años veinte, con su bohemia, sus adicciones y su horadado optimismo. El tango, la juventud, los comienzos del cine; Waltari es testigo fiel de un tiempo pródigo en ilusiones. «¿No es maravillosa la época en que todas las penas se pueden disipar con solo referirse al futuro?».

«Era joven, era vital, era dueño de mí mismo. La sensación de estar vivo se precipitó como una ola sobre mí».

Suomi, Finland. Región de abetos y frío, tierra del Kalevala. Con Sibelius dándole forma. Aprendí poco de su lengua —nasal y esdrújula— durante mi par de visitas. Avión, teléfono, iglesia. Lentokone, puhelin, kirkko. Hola. Hey. El silencio del aeropuerto. La cabaña de nuestras últimas noches. Noches en las que pasaron cosas. Nadie dice "exfamilia". Pero entonces, de qué palabra valerse, de qué expresión disponer. 

Oposiciones.