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Mostrando las entradas etiquetadas como literatura perfecta

A. Jeftanovic: No aceptes caramelos de extraños

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Andrea Jeftanovic: No aceptes caramelos de extraños. Editorial Comba. Colección Narrativa. «¿De qué se ríen los vecinos?,  ¿acaso no sienten el viento golpear el patio como un perro encadenado?». No aceptes caramelos de extraños reúne once relatos invadidos por la misma fuerza y libertad narrativas que Jeftanovic desplegara ya en Escenario de guerra . Sin arresto, sin talento y sin un perfecto dominio del oficio, escribir resulta un fracaso. Jeftanovic lo posee todo. No. No. No pisemos lo convencional.  Desplacémonos a otra tarima.  «Yo no le he hecho mal a nadie para soportar el relato de vidas minúsculas».  Profanemos el paraje del instinto y lo cercano porque aquí —sí, aquí, aquí— sobran pesadillas. Crucen la puerta el error, la muerte, el sexo, el crimen y el incesto. Ah, pertenecemos a la llamada especie humana. Se nos cobra caro «el alquiler del mundo que habitamos». Personajes vivos, textos que   punzan duro. Citas ajenas al inicio y, ...

A. Kristof: Claus y Lucas

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Agota Kristof: Claus y Lucas . El Aleph Editores. Traducción de Ana Herrera y Roser Berdagué.     Termino Claus y Lucas , la obra magna de Agota Kristof, una escritora que no parece de este mundo. De momento, no hay palabras. De momento, me sacude el llanto.  Un llanto imparable, aterrador, f rente al velador de un café cualquiera.  Entre hechos y fábulas aparece un carril minado.  Allí, el sufrimiento retuerce cualquier sueño.  Lo vivido son pedazos que lo contado esparce al horizonte.  No hay refugio: l a identidad es una farsa, una casa  en obras, un ejercicio narrativo imposible de abordar en línea recta.  Tres novelas y una sola historia. Una obra donde el dolor es la verdad permanente sostenida por cuadernos llenos de mentiras. Escritos por unos niños,  una autora,  unos hombres que recosen sus heridas hasta la locura, hasta el día en que descubren que podrán volver a estar juntos, lanzarse al tren, pues «no...

C. Peri Rossi: Playstation

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Cristina Peri Rossi: Playstation . Visor Libros. XXI Premio Fundación Loewe. La poesía es una relación clandestina, un cuarto secretamente visitado. [Inciso: Si leo poesía no soy capaz de escribir prosa (ni verso)]. Abro, por fin, tres volúmenes esperados durante meses: Habitaciones privadas (Menos cuarto), Poesía Reunida (Lumen) y Playstation . Tres libreros en tres ciudades distintas me ayudaron. Libreros: doctores que prescriben lecturas a cambio de poco dinero. Sorna. Ironía. Humor. Lucidez. Peri Rossi escribe sin miedos ni tapujos (qué otro modo hay de escribir: no sé). Sus palabras: empuje sensual y vigoroso,  cópula alegre,  aluvión de oxitocina. Oxitocina: molécula afrodisíaca o del amor; relacionada con los patrones sexuales, actúa como neurotransmisor en el cerebro. Fuente: Wikipedia. Ella dice escribir para que la gente la quiera. Mi caso debe ser pedestre: me hago adicta a sus fisuras, no logro leerla sin amarla: «Podría escribir los versos...

A. Jeftanovic: Escenario de guerra

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Andrea Jeftanovic: Escenario de guerra . Ediciones Baladí. Novela en tres actos. Símil de un teatro. Espectadores callados. Un telón que levanta y baja su peso. Leo sin tregua, aturdida por una nube de belleza cristalina y letal. Supervivencia. Vidas quebradas. Geometría torcida. Interiores punzados. Madre. Padre. Hermanos. Figuras clave que todo lo son. Lenguaje poético y conciso. Frases cortas que se expulsan sujetando el respiro. Rascar paredes y con el desconchado levantar una obra maestra. Tensar palabras y dispararlas lejos. Desecar lágrimas y extraer un saco de sal. Así es la escritura de Jeftanovic, «un grito en la hoja», en Escenario de guerra . «Mi deseo es un borde áspero». Fue su primera novela. «Estamos rodeados de restos y fragmentos». Literatura sublime. « Yo también estoy viviendo mi propia guerra». El corazón se me acelera. «Corrí, corrí y los pies se me llenaron de gritos». Dónde leer pronto todo lo demás. 

A. García Morales: La tía Águeda

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Adelaida García Morales:  La tía Águeda .  Anagrama. Había música en su nombre, Adelaida García Morales, una suerte de énfasis lírico en sus sílabas fuertes. Había también unos ojos hermosos, ausentes, y un rostro de huesos marcados, cautivador y misterioso como sus novelas y cuentos. Me gustaba mucho García Morales y leí, en los noventa, cuanto publicó. Conmigo tengo La tía Águeda —mudanzas y bibliotecas sucesivas me han impedido la posesión de muchos libros— y releerlo supone encontrar, de nuevo, la literatura perfecta, la literatura que se desea escribir, la que no se escribe porque ya está escrita. Una obra inquietante, hipnotizadora. Un lenguaje parco que cae como un martillo. Una voz contenida como su pelo tirante recogido bajo la nuca. Personajes secos, atmósferas opresoras de aire denso. Niños inteligentes, sensibles e introvertidos como los de Ana María Matute , en cuyas obras el pavor también se destila entre líneas. Cavar hacia lo ho...