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Y. Herrera: La transmigración de los cuerpos

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    Yuri Herrera: La transmigración de los cuerpos . Periférica. Vuelvo a Yuri Herrera, a ésta su última novela, como quien regresa a un amante prodigioso. Porque sí: su escritura hace palpable el idioma, lo transmuta, lo somete a procesos de aceleración celular en la probeta de su particular laboratorio. El resultado suena a lo que no existe, a frontera, a elevación espiritual y pulposa de la carne, a terreno inalcanzable para los humanos. Leer a Herrera es sentir un cosquilleo progresivo en la nuca. Terminar con la cabeza taladrada. Asomarse al borde del barranco. En algún momento alguien nos empuja y plaf, nos vamos al carajo. Les dejo la primera frase para que, como el Alfaqueque cuando se entrega a la Tres Veces Rubia, deseen tener a mano un condón que les evite desparramarse por completo:  «Lo despertó una sed lépera, se levantó y fue a servirse agua pero el garrafón estaba seco y del grifo escurría nomás un hilo de aire mojado.» ...

A. García Morales: La tía Águeda

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Adelaida García Morales:  La tía Águeda .  Anagrama. Había música en su nombre, Adelaida García Morales, una suerte de énfasis lírico en sus sílabas fuertes. Había también unos ojos hermosos, ausentes, y un rostro de huesos marcados, cautivador y misterioso como sus novelas y cuentos. Me gustaba mucho García Morales y leí, en los noventa, cuanto publicó. Conmigo tengo La tía Águeda —mudanzas y bibliotecas sucesivas me han impedido la posesión de muchos libros— y releerlo supone encontrar, de nuevo, la literatura perfecta, la literatura que se desea escribir, la que no se escribe porque ya está escrita. Una obra inquietante, hipnotizadora. Un lenguaje parco que cae como un martillo. Una voz contenida como su pelo tirante recogido bajo la nuca. Personajes secos, atmósferas opresoras de aire denso. Niños inteligentes, sensibles e introvertidos como los de Ana María Matute , en cuyas obras el pavor también se destila entre líneas. Cavar hacia lo ho...