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Mostrando las entradas etiquetadas como Periférica

É. Barillé: Un amor al alba

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    Anna & Modi   «En mayo de 1911 yo aún no había publicado ningún poemario, y él no había vendido ningún lienzo todavía. Ambos estábamos en el umbral de nuestras vidas».   Anna Ajmátova (1889-1966) y Amedeo Modigliani (1884-1920) se conocieron en París en 1910, donde volvieron a verse un año después. Anna dejó escaso testimonio de este encuentro: parcas palabras, cartas quemadas y un solo dibujo de los varios que Modi hizo de ella. Un siglo más tarde, ante una de las famosas cabezas esculpidas por Modigliani, Élisabeth Barillé cree reconocer en la piedra el rostro de Anna. Dice: es ella. A partir de ahí nace esta novela.   Un amor al alba recrea la amistad —el amor posible— entre dos jóvenes genios antes de que su arte obtuviera reconocimiento. Intenta descifrar con datos mínimos qué vivieron juntos. Se pregunta, sobre todo, por la huella que dejaron en el otro.   La explosión vanguardista invade el París de...

M. Desbordes: El vestido azul

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Romper lo roto Necesito librarme de la inquietud y congoja que me ha provocado la lectura de esta obra. Puede que incluso sea el motivo principal de esta reseña. Que no te dé la vida todo aquello que eres capaz de soportar . Que no se te acumulen las desgracias. Michèle Desbordes (1940-2006), escritora francesa poco traducida aún al castellano, da forma, a través de un exquisito yo abstracto, al más recóndito interior de Camille Claudel . Camille (1864-1943), «pequeña y menuda, con aquella belleza de la que todo el mundo hablaba» y Paul Claudel (1868-1955), aquel alma tan parecida a la suya y que tendrá una existencia tan diferente, fueron hermanos. Él sería el único familiar que la visitaría —cada vez más espaciadamente— en los sanatorios en los que fue encerrada de por vida (Cille-Évrard primero, luego Montdevergues). De todas las miserias posibles, Camille padeció una generosa porción. La compenetración que sentían Camille y Paul en la infancia —y que con...

M.A. Clark Bremer: Los antepasados

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Mary Ann Clark Bremer: Los antepasados . Periférica. Traducción de Hugo Bachelli. «Conservo sólo la memoria y la impresión de lo amado con fiereza». Es la quinta obra que reseño de Clark Bremer , esta serie exquisita suya de cuadernos impregnados de lirismo. Desprovista de lazos cercanos, la autora apura el tramo de vida que le queda. Con voz serena evoca a algunos ascendientes y especula sobre el vacío que dejaron sus secretos. La palabra que nunca desentona. La sencillez y libertad que otorgan una amplia cultura y haber llegado al fondo de uno. En cada párrafo, un sortilegio. Me pregunto qué supuso para Hugo Bachelli traducir estos cuadernos. Dónde y cómo fueron escritos, qué gesto mantenía Clark Bremer sobre sus páginas, cómo se encadenaban sus memorias. Pepe y Leonor, Sevilla, 1940 La familia, ¿lastre o suerte? ¿Cuánto pesa, en la vida de uno, un antepasado? Los que más me interesaron fueron siempre quienes no llegué a conocer: la abuela ...

L.H. Vincent: El bibliótafo

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Leon H. Vincent: El bibliótafo. Un coleccionista de libros.   Periférica. Traducción de Ángeles de los Santos. Bibliótafo (o bibliómano): coleccionista (y amante impetuoso) de libros. Ciento doce páginas contienen la historia de un hombre innominado —el bibliótafo— trazada sin orden aparente, en movimiento perpetuo como su personaje principal. Sobre un tablado de humor y agudeza, proliferan preguntas y placer lector. ¿De quién proviene la voz narradora? ¿Cómo sabe el cronista tanto del bibliótafo? ¿Se trata de uno de sus compañeros cazalibros o estamos ante la vida del respetable Richard Heber, mencionado al principio de la obra? No hay modo de saberlo. El bibliótafo bien pudo ser humo. No importa. Biblioteca, bibliofilia, bibliografía, bibliomancia, bibliomanía, biblio(in)útil, biblioafección. El bibliótafo, publicado en 1898, es un relato sagaz e hilarante. Con cada paso de página aumenta el deseo de convertirse en su protagonista. O, al menos, de solazarse en su...

M. A. Clark Bremer: Una pasión parecida al miedo

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Mary Ann Clark Bremer:  Una pasión parecida al miedo . Periférica. Traducción de Hugo Bachelli. «No hay pasión que robe con tanta determinación a la mente todo su poder de actuar y razonar como el miedo». ( Edmund Burke) Es un placer leer, uno por uno, los cuadernos de notas de Clark Bremer. Una pasión parecida al miedo compone el número cuatro. Un texto —como los anteriores— elegante y de bella estructura, jalonado en este caso por citas e ideas de Burke y de Chéjov. Tras trágicas pérdidas, dos viudos jóvenes se encuentran en un hotel de Berna. Recreando retrospectivamente lo vivido, Clark Bremer nos habla de dos emociones en tándem frecuente, el miedo y el amor . En este caso, del amor «de los que nada esperan ya del amor». Porque el miedo, a nuestro pesar, es a veces la emoción más poderosa. La que, contra nosotros mismos, vence. La que actúa, para los timoratos, como justificante perenne. No di el paso. Tuve miedo. (Y también tuve miedo de mi miedo). Por...

M. Sanz: No tan incendiario

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Marta Sanz: No tan incendiario . Periférica. Colección «Pequeños tratados». «Aquí no hay vocación de transparencia. Ni de limpieza. Ni de claridad. Este texto aspira a manchar de tinta las manos que lo agarren». Todos mis libros los compro en papel. Al inicio de No tan incendiario se me escapa un THIS IS GREAT , y mi lápiz no deja de moverse hasta el final del ensayo. Notas, subrayados, asteriscos, exclamaciones, corchetes. La obra queda hecha una EME. No miro el móvil, no abro el ordenador, aguanto las ganas de ir al lavabo. Me acuesto con los ojos rojos y pocas horas de sueño por delante. Leer vampiriza y roba la salud. Así estamos. No tan incendiario salpica, ensucia, echa la bronca. Se manifiesta… 1. Contra la pasividad y la inacción. Contra la cultura como relleno del ocio. 2. Contra los escritores faltos de realidades y demasiada literatura a sus hombros. 3. Contra «la estética de la ternura» y de la cursilería. 4. Contra el espanto de necesitar...

M.A. Clark Bremer: El librero de París y la princesa rusa

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Mary Ann Clark Bremer:  El librero de París y la princesa rusa . Periférica. Traducción de Hugo Bachelli. Dedico una segunda microcrítica a esta autora , la dama de pulcra elegancia. Sus dos primeros libros ( Una biblioteca de verano y Cuando acabe el invierno ) fueron descubrimientos fortuitos. Este, por el contrario, ha sido intencionado. Años 60, París. Un librero y una noble rusa. La guerra y sus trágicas pérdidas. Jean-François de Bastide como murmullo de fondo. Clark Bremer es testigo y cronista de un amor interrumpido por una inexplicable desaparición. Anécdotas mínimas incrustadas en libros y lecturas. Recuerdos engarzados en un collar de perlas. Frases transparentes. Comas de nailon.  Literatura sin trampas, libre de pedantería.   La oscilación del pecho se detiene: sí, el placer perturba.  Nácar. Suavidad proustiana. Cofre forrado del mejor terciopelo.  Piedras que huelen a sándalo y especias.  Belleza que no hace falta des...

M. Olschki: Oh, América & Una postal de 1939

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Marcella Olschki: Oh, América & Una postal de 1939 . Periférica. Traducción de Francisco de Julio Carrobles. La vida como haz de recuerdos y olvidar como ese verbo de conspicuo futuro. M. Olschki: abogada, periodista, diseñadora de moda... Wikipedia la resume en siete líneas. Su legado literario: Una postal de 1939 y Oh, América , publicadas en 1954 y 1996, respectivamente. De padre judío y familia sólida, experimenta en carne propia el fascismo antisemita de la Italia de preguerra. Su juventud le exige «su derecho a la vida» y ella abraza con entusiasmo el presente. Una triza de locura cruza estas páginas   sin que la autora caiga en frivolidades o ternezas cargantes. «¡Qué insoportable es la persona feliz!», decía Dostoievski.   En 1946 llega a EEUU, país que estudia con mirada crítica e indagadora. Su última impresión del mismo es Hawái, adonde «hoy vas a ver un cúmulo de rascacielos y horripilantes masas de turistas».   Ambas obras se o...

J. Mansour: Islas flotantes

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Joyce Mansour: Islas flotantes. Periférica. Traducción y postfacio de Antonio Ansón. Sé que llovieron reseñas hace un año (esta obra las merece), por lo que asumo el riesgo de repetir lo expresado por otros. Estrategia: condensar. Como Mansour, que habla de cáncer —«el hijo de la pesadilla»—, sexo, hospitales y muerte en pocas páginas. La vejez: obsceno absceso. Un hospital: locura segura. La enfermedad: ocaso anticipado, carne infecta. El cuerpo: nuestro periplo completo. El sexo: Eros contra Tánatos. Última afirmación personal, terminal conato de supervivencia. Mansour convierte lo sórdido en fluido expansivo. Estamos solos. Lo innombrable existe. Aquí: nuestro cuerpo. Escuchemos el silencio.