Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Edhasa

A. Camus: La peste

Imagen
  Albert Camus: La peste. Edhasa, 2022. Traducción de Rosa Chacel.   Camino del puerto, en plena playa, mi pie roza el cadáver de una rata sobre la arena.   Pandangbai, isla de Bali, paraíso convertido en cenagal de resorts, ruido y desechos. Espero la salida de un barco. A través del ventanal, en la sala de taquillas, veo llegar a un hombre bello, muy bello, con mujer y tres hijos. Enseguida los escucho hablar francés.   Zarpamos. Sopla el viento. Los pasajeros recorren cubierta   buscando cobijo del sol. Leo a Camus cerca de popa. El hombre bello aparece con su hijo menor y se sientan a mi izquierda. Piernas hermosas, voz hermosa, manos hermosas. Me pregunto si olerá mi gel de ducha, si sospecha que hablo español. La timidez me mantiene silenciosa, pero a los pocos minutos dice al niño: “¡Vamos!”.   Una joven rubia observa la escena y se sonríe. La ensoñación invade por un momento su rostro. Mantiene un cuaderno abiert...

M. Mayoral: La única mujer en el mundo

Imagen
Marina Mayoral: La única mujer en el mundo. Edhasa, 2019. Tejidos por el deseo «Ahora tengo todo lo que deseo, más de lo que nunca me atreví a desear. Y no tengo miedo a perderlo». Recuerdo a Marina Mayoral igual que recuerdo mi cuerpo, mi cuerpo y sus ansias, a los veinte años, cuando comencé a leerla, sumergiéndome en su literatura con ardor parejo al de quien se baña en el Jordán. Eran otros tiempos, a finales del siglo anterior, con menos vidas vividas, con menos deseos colmados, y un horizonte joven, ingenuo, en el que ni la imaginación más desatada podía, ni por asomo, presentir el futuro. Marina Mayoral hablaba y escribía con serenidad, desde un pazo sabio, sensual, bellísimo, sensible. Desde un estado reconocedor de nuestras constantes vitales , esas que tan dignamente traicionan los asideros de nuestra materia, por suerte para todos. En La única mujer en el mundo , la autora, nacida en Mondoñedo (Galicia), vuelve a Brétema, lugar perenne de sus n...

M. Rodoreda: La plaza del Diamante

Imagen
Mercè Rodoreda: La plaza del Diamante . Edhasa. Traducción de Enrique Sordo. Mucho se ha escrito ya sobre esta novela —publicada en 1962—, una de las más celebradas de Rodoreda. No soy experta en la autora ni en su obra. Pretender añadir algo nuevo sería empeño vano por mi parte. Evocando su escritura, la autora afirmó: «La escribí febrilmente, como si cada día de trabajo fuera el último de mi vida. Trabajaba cegada; corregía por la tarde lo que había escrito por la mañana, procurando que, a pesar de las prisas con que escribía, el caballo no se me desbocara, aguantando bien las riendas para que no se desviara del camino. [...] Fue una época de una gran tensión nerviosa, que me dejó medio enferma». [1] Desde la voz de Natalia, huérfana de madre y con su padre casado con otra (sic), Rodoreda retrata a un puñado de seres humanos y sus circunstancias en la Barcelona de preguerra, guerra y posguerra. Un mundo de pen...

A. Kristof: Ayer

Imagen
Agota Kristof: Ayer . Edhasa. Traducción de Manuel Pereira. «Era el camino de los que han dejado su casa, su país. A ambos lados se extendían inmensos campos cenagosos». Hoy engullo  Ayer  con la certeza de no haber dado nunca con literatura como la de Kristof. Aunque cómo saber si esto no es mentira. Leo, releo, respiro acompasada . I ncisiones invisibles van cortando piernas, uñas, brazos. S eñales sin evidencia. Marcas carentes de forma. Mi ejemplar de Ayer  es una primera edición de 1998. La portada, el dibujo  infantiloide  de  una maleta . Cargada  poco después, en tren dirección Ámsterdam, desde Hendaya , guardada en un dormitorio de literas compartidas. Tobías muere  en un país extranjero. De día taladra piezas en una fábrica de relojes. Prisión o fábrica, da lo mismo: «todo el horror de la vida me estalla en la cara». De noche, escribe.  «Es convirtiéndose en un don nadie como se puede ser ...

T. Mann: La muerte en Venecia

Imagen
  Thomas Mann: La muerte en Venecia & Mario y el mago . Edhasa. Traducción de Juan José del Solar & Nicanor Ancochea. Prólogo de Francisco Ayala. Principios del siglo XX. Aschenbach, un escritor de renombre, visita Venecia. Busca aligerar por un tiempo su alma europea , acostumbrada al rigor de la racionalidad y la negación de los instintos. Así, contra su aparente voluntad, cae bajo el hechizo de la belleza de Tadzio, un adolescente polaco. La pasión que experimenta paraliza su discernimiento. La peste asalta la ciudad, pero Aschenbach no quiere irse de Venecia. «¿Quién podría comprender la profunda e instintiva síntesis de disciplina y desenfreno que le sirve de base (al artista)?». El espíritu de la narración golpea cada página de esta obra cargada de ambición intelectual y preocupaciones estéticas. El protagonista no se avergüenza de su deseo maltrecho. Los poetas no pueden ser sabios ni dignos, dice Sócrates a Fedro. Tienen que extraviarse, ser aventurer...