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L. Baquedano: Cinco panes de cebada

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Lucía Baquedano: Cinco panes de cebada . Ediciones SM. Formó parte de mis lecturas de niñez allá en Pamplona, la ciudad donde entonces residía. Lo había escrito la madre de una compañera de clase de la que apenas me acuerdo. Sí recuerdo, en cambio, la biblioteca de aquel colegio, cómo entrábamos en fila una vez a la semana, las baldas desbordantes de libros. Por alguna razón, mi hermana y yo perdimos todos nuestros libros infantiles: se extraviaron misteriosamente en un trastero. Será difícil recuperar la memoria completa de lo leído en esa época. Pero no creo que importe demasiado. La vida avanza despiadada y siempre sorprende. Librería Re-Read, diciembre de 2017, Málaga. Busco una obra amable para mis estudiantes de literatura en español, renovar el programa con algo que los aleje de tanta muerte de progenitores ocurrida en los últimos meses. Bing. Bang. Baquedano. Cinco panes de cebada c oronando una mesa . Será e l elegido . No sabía qué esperar de esta histo...

Andanzas: Fernando Aramburu

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Puerta del Café Roch, fundado en 1898 Martes, finales de febrero. Primer día en la ciudad. Madrugas demasiado. La mayoría de los cafés están cerrados, l as librerías no abren hasta las diez.  Caminas bajo el paraguas a cuatro grados, sin rumbo preciso, entre calles mustias de llovizna.  Calle Estafeta Recorres casi todo el centro. Sientes frío y te refugias en un banco de la iglesia de San Nicolás,  sobre la tumba 316 . Cuentas veinticinco asistentes, trece de ellos varones, a algún tipo de ceremonia. Al cabo de varios minutos aún no tienes claro si se trata de una misa o de otro tipo de celebración. El cura dice: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras». Suena a curso de literatura. Aguzas el oído. Quizá te sirva para una microcrítica. Te dices que a veces sucede: la vida se atasca y se vuelve inservible, igual que una cremallera rota que conviene reemplazar. No sabes si tú te reemplazaste. Crees que no, que no te reemplazast...

E. Laporte: Luz de noviembre, por la tarde

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Eduardo Laporte: Luz de noviembre, por la tarde. Demipage. Es raro leer a alguien nacido en tu misma ciudad. Nacido incluso en la misma clínica. En una clínica que ya no existe. De una ciudad hacia la que no profeso elevados afectos. Desapego. Alejamiento. Rechazo. Extranjería recubierta de prejuicio. Cócteles molotov dentro de una identidad difusa. Psicoanálisis necesario, interpretaciones  del montón. Laporte y sus hermanos perdieron a su madre y a su padre en el año 2000. Ambos murieron de cáncer, en febrero ella, en diciembre él. Hubo poco tiempo para despedirse. Eduardo tenía veintiún años. Su hermano menor, dieciséis. La vida a veces no resulta creíble, impone un guión en blanco y negro, cruento e irreal. Porque eso me ha parecido entrever en esta novela: la mirada atónita de un hijo ante ese antojo cósmico, lo grotesco de tener que asumir, contra toda esperanza, las imposiciones obtusas de la realidad. « La muerte es lo único verdadero » , dic...