L. Tolstói: Confesión
Lev Tolstói: Confesión . Acantilado. Traducción de Marta Rebón. Tras un verano marcado por la muerte y sus sicarios (enfermedad, vejez, la suerte y sus pestes), leer a Tolstói reconforta: no hay manera de alcanzar su paz de espíritu pero es fácil simpatizar con sus zozobras. La nada está ahí — aquí —, y fría o caliente nos espera. «La verdad era que la vida es un absurdo. Delante de mí no había nada excepto mi ruina. Y esto aconteció en un momento en que estaba rodeado de lo que se considera la felicidad completa; cuando aún no cumplía cincuenta años». En el cénit de su vida (goza de salud, es un escritor respetado), Tolstói atraviesa una honda crisis de conciencia. Busca, con ahínco, desbaratar los «hilos sutiles de mentira» con los que está entretejida la verdad. Mentirse a uno mismo no tiene sentido y ninguna de las posturas (ignorancia, epicureísmo, suicidio o desencanto) observadas entre quienes lo rodean le satisfacen. La vida es una cripta envenenada, la muerte...