29 de diciembre de 2018

Balance 2018


Comencé el año con El papel pintado de amarillo, de Charlotte Perkins Gilman y lo termino con Cálculo de estructuras, de Joan Margarit. En medio, noventa libros leídos, algunos de ellos microcriticados y otros muchos a la espera de su juicio, que a ciencia cierta jamás sé si llegará.

Solo en dos ocasiones (en 2014 y en 2016) publiqué “listas de mejores lecturas”. Tampoco este año caerá ese higo. Sí la breva, sin embargo, de un par de atragantados: títulos cuyos prólogos —en alguno de los casos— me parecieron superiores a su contenido, y cuya lectura, a mi pesar, terminé llevando a cabo a saltos.

Fueron estos:

Lolita, de V. Nabokov.
Tiempo de silencio, de L. Martín-Santos.
Deseo que venga el diablo, de M. MacLane.
Divorcio en el aire, de G. Torné.
Y un Agatha Christie al que me acerqué ingenuamente con vieja nostalgia. Nunca más.

Feliz Año. 

«Cuando hablan de destino o providencia,
lo que los clásicos quieren decir
es que, cuando el azar remueve nuestras vidas,
y suben los de abajo,
y se van hacia el fondo los de arriba,
no cambia nada, porque somos formas
de algún otro desorden más profundo».

(J. Margarit, 'Calle Entença')

13 de diciembre de 2018

E. Halfon: Saturno

Eduardo Halfon: Saturno.
Jekyll & Jill, 2017.



Un insecto mancha la noche
preludio del día.


«En toda tiranía, el pueblo llega a rebelarse».

Temo romper el hechizo pero queda decir: hijo devora a padre, lo increpa, lo pisotea, lo deja sin nombre, le lanza su hatillo de afrentas.

La historia sabida: una secuencia imparable de desgracia. Ausencias y muertes pasadas conducen a muertes futuras. Progenitores que marcan a fuego las vidas de sus hijos. Mann, Plath, Hemingway... Lo cuenta muy bien Halfon en esta breve novela, primera obra suya. El original data de 2003. La edición presente ha sido concebida desde un profundo ardor estético.

«Yo también, padre, pienso continuamente en el suicidio».

Por qué se suicidan tantos escritores, mamá, los autores de estos libros que tú lees y yo rechazo. Por qué te entregas a ellos incluso cuando estoy contigo. Competimos a muerte, ¿lo ves? Pero no importa qué haga, ellos vencen. Te conquistan. Ocupan tu tiempo. La pared invisible contra la que choca mi cabeza de niño.

Que de dónde viene mi odio, que por qué no leo nunca, te preguntas. Soy un buen retratista de interiores. Preferirías no convertirte en Saturno. Pero es tarde: ya lo eres.