16 de diciembre de 2015

A. Lightman: Sueños de Einstein

Alan Lightman: Einstein's dreams.
Constable & Robinson, Vintage Books.


«Cada tiempo es verdadero, pero las verdades no son las mismas».

La Teoría de la Relatividad General cumplió cien años el pasado noviembre. Sin embargo, Einstein no habría llegado a ella sin el alumbramiento de su hija previa, la Teoría de la Relatividad Especial, publicada en la revista Anales de Física en 1905.


Alan Lightman (físico teórico, autor de obras como El universo de un joven científico, El diagnóstico o El universo accidental) se inspira en la primera teoría de Einstein para recrear, al arrimo de la ciencia, la filosofía y con un feroz lirismo, las noches previas a su formulación (abril-junio de 1905).

Sueños de Einstein nos presenta al científico a los veintiséis años, recién doctorado, empleado en la Oficina de Patentes de Berna. Cada mañana llega a ella antes del amanecer, corto de sueño y un tanto alterado: está a punto de concluir un proyecto que sospecha cambiará el curso de la física.

Un prólogo, tres interludios y un epílogo encuadran treinta breves capítulos. Cada uno presenta una noción distinta del tiempo, todas perfectamente posibles, todas imaginadas por el joven genio.

Un libro en el que la sencillez narrativa compite con la belleza y la indagación científico-filosófica. Para leerlo en el espacio, de camino a ese E=mc2.

Publicado en 1993 por Tusquets, parece que no ha vuelto a editarse. Como todo lo bello, resistirá el tiempo. Sea lo que sea el tiempo. 

2 de diciembre de 2015

M. Vilas: El hundimiento

Manuel Vilas: El hundimiento.
Visor Libros. Colección Visor de Poesía.



«Que qué tal me ha ido. / Eso se te ocurre preguntarme. / No me ves: soy el hundimiento».

«Yo amé y amo este país, pero es maligno. / Hay algo en él que acaba destruyendo a la inteligencia».

Parto de un niño que ya no pide que le lean cuentos. Sólo pide que lean con él, en su cuarto. Él se tumba en la cama; yo me enanizo sobre un taburete de plástico. Esa tarde él lee chistes (y ríe, con su risa infantil); yo reabro El hundimiento.

No es real la felicidad de la infancia, lo sé —o tal vez sí lo es—, pero en todo caso, esos primeros años son lo más alejado del declive físico-mental y del envejecimiento. «Por qué no lees, mamá, qué haces». Le muestro el Perro semihundido, el perro deGoyado. «Hago lo de siempre: leo mientras pienso, pienso mientras leo».

Nací grande, nunca fui niña. Por la noche, me agarro a una tabla:

                   LUCES LUMINOSAS
                   Viviréis por siempre, amores míos.
                   Porque el tiempo no existe
                   el ahora mata
                   el vacío acecha y el polvo
                   sepulta mis cejas
                   en el pliegue cósmico y unívoco
                   de lo que sois y lo que fuisteis: luces luminosas.

* Para Henk, para Hugo y para Yelko.

22 de noviembre de 2015

C. Obligado: El libro de los viajes equivocados

Clara Obligado: El libro de los viajes equivocados.
Páginas de Espuma.

Cinco días antes de los atentados de París, llevaba El libro de los viajes equivocados en la mano. Atravesaba la barriada de Bruselas que aparecería poco después en las noticias: Molenbeek. Abundante presencia policial y un paisaje eminentemente masculino roían el ambiente.

No pensé en terrorismo en ese instante pero me acordé de otro barrio, Schilderswijk (de los pintores), próximo al centro de La Haya. Lo cruzaba a diario en bicicleta durante los dos años que habité esa ciudad. Con altas tasas de paro y más de un noventa por ciento de población extranjera, continúa siendo uno de los lugares más pobres y conflictivos de Holanda.

Once relatos componen este fabuloso y turbulento libro. Tras la lectura del primero hice algo desacostumbrado: tomar tierra, tomar aire, tomar agua. Preguntarme si era el momento justo de franquear esa embestida —hermosa y aterradora— en espiral.

Emigraciones, expolios, encuentros, muerte, memoria. Las historias de El libro de los viajes equivocados deconstruyen el azar y se funden con la deriva y la tragedia de la vida. Engarces precisos y belleza aferrada al sube y baja de una ola. Lo que tenemos y somos bien podría estar en otra parte o no existir siquiera. Lo sabemos. Y sin embargo, lo inevitable es lo que termina sucediendo. Billones de viajes equivocados y acertados. Alalimón.

«De noche, en el silencio espantoso, solo reverbera el olor de las adelfas».

Fin de microcrítica 113.