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Fernando Aramburu: Las letras entornadas

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Con este texto me despido hasta el mes de septiembre. Un saludo y que disfruten de calores y fríos allá donde se encuentren. Felices lecturas, también, si les da por leer. «Sin amor a la literatura no hay crítica». «Para bien o para mal, soy un hijo intelectual de mi tiempo, pero no su prefijada consecuencia». PLANTEAMIENTO Me pregunto si seré capaz de reseñar una obra que tantos libros encierra y engrandece. Esta vez, el minúsculo A6 que utilizo para anotaciones se ha visto desbordado. Aún aspiro a convertir mi azulada maraña en algo comprensible. Dejo a mi mar de dudas disolverse sin convicciones en un vaso de café y comienzo a deshebrar. Vamos. Capítulo primero: “Un niño en San Sebastián”. Quien parece ser el propio autor (Aramburu se encarga de suministrar al lector abundantes evidencias) se reúne durante once meses con alguien presentado como el Viejo . En casa de este —y al calor de buenos vinos— conversan cada jueves tras la temprana cena aleman...

Andanzas: Fernando Aramburu

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Puerta del Café Roch, fundado en 1898 Martes, finales de febrero. Primer día en la ciudad. Madrugas demasiado. La mayoría de los cafés están cerrados, l as librerías no abren hasta las diez.  Caminas bajo el paraguas a cuatro grados, sin rumbo preciso, entre calles mustias de llovizna.  Calle Estafeta Recorres casi todo el centro. Sientes frío y te refugias en un banco de la iglesia de San Nicolás,  sobre la tumba 316 . Cuentas veinticinco asistentes, trece de ellos varones, a algún tipo de ceremonia. Al cabo de varios minutos aún no tienes claro si se trata de una misa o de otro tipo de celebración. El cura dice: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras». Suena a curso de literatura. Aguzas el oído. Quizá te sirva para una microcrítica. Te dices que a veces sucede: la vida se atasca y se vuelve inservible, igual que una cremallera rota que conviene reemplazar. No sabes si tú te reemplazaste. Crees que no, que no te reemplazast...