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Mostrando entradas de 2026

C. Camacho: La mujer de enfrente

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  Carmen Camacho: La mujer de enfrente . Maclein y Parker, 2023. Obra plástica de Pepe Benavent. «Mujer de enfrente no hay más que todas».   La mujer de enfrente me acompaña al bosque en un   ataque de soledad (¿qué hacen otros ante un zas de soledad?). Verde corazón, corazón verde. Día claro y ampuloso. Paseantes gritan a sus perros y hablan vete tú a saber con quién por sus audífonos. A ninguno parece inquietarle perturbar la primavera o el murmullo del viento. Me acomodo sobre un tronco y abro, por fin, mi libro-tendedero. Como ropas al aire, esparzo por el texto la palabra « mooi» (en neerlandés, bello).   La mujer de enfrente me acompaña cuando   aparco mi bici en la estación de tren. El piano del vestíbulo mistifica la mañana. El intérprete: un sintecho diminuto, encorvado, viejo. Con su carrito de súper. Con su atención entregada al tecleo de sus dedos. Cuánta soledad irradiamos, a ratos, todos      ...

Los últimos segundos de Cuba

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Los últimos segundos de Cuba   Fueron diez días en La Habana. Diez días acoplándome a cada una de sus respiraciones: a su ropa tendida, al grito de los pregoneros, a las tribulaciones de sus habitantes. Cada mañana, oteando el malecón, recibo la primera luz entre depósitos de agua azul intenso. Azul cuba. Después, me lanzo a las calles.   Es abril del veinticuatro. En esos instantes, Leonardo Padura prologa su libro Ir a La Habana . Los años previos han golpeado duramente a los cubanos: la inflación, el desabastecimiento, los salarios limosna, el abandono del campo, el final de toda esperanza de futuro. Las remesas llegadas desde fuera nunca bastan. Hay que marcharse. Las colas frente al Consulado de España exponen por sí mismas el éxodo masivo. El cubano, de nuevo, intenta sobrevivir. Y abandona lo que debería ser su paraíso. Conforme avanza la ruina, el país se vacía.   Por cada esquina, pese a improvisados andamios —pese a fugaces vendajes— todo apunta...

M. Vilas: Roma

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  Manuel Vilas: Roma . Visor Libros, 2020.   ¿Qué hago hablando de un libro publicado hace más de cinco años? No lo tengo muy claro. Pero si llevé Ordesa a Ordesa , debía traer Roma a Roma. Una ciudad cuya belleza empuja al desmayo, al asombro, a la locura. A comprender lo exiguo que seremos incluso tras la más salvaje gloria.   El autor escribió Roma —su último poemario hasta hoy— durante una estancia en la Academia de España entre septiembre del 19 y la primavera del 20. Actuando, sin quererlo, como telonero y espectador primigenio de la pandemia.   Además de en  Ordesa y Roma , estuve en  España y El hundimiento . A Roma, ciudad y libro, reconozco haberle dado muchas vueltas. Empeñada en no admitir mi decepción por el segundo. Deseando no perder mi agrado por la cadencia de Vilas, hechizante fuera de este —en mi opinión— apagado intento lírico.   «Al lado del lujo / la muerte es solo una brisa remota». ...