M. Vilas: Roma
Manuel Vilas: Roma.
Visor Libros, 2020.
¿Qué hago hablando de un libro publicado hace más de cinco años? No lo tengo muy claro. Pero si llevé Ordesa a Ordesa, debía traer Roma a Roma. Una ciudad cuya belleza empuja al desmayo, al asombro, a la locura. A comprender lo exiguo que seremos incluso tras la más salvaje gloria.
El autor escribió Roma —su último poemario hasta hoy— durante una estancia en la Academia de España entre septiembre del 19 y la primavera del 20. Actuando, sin quererlo, como telonero y espectador primigenio de la pandemia.
Además de en Ordesa y Roma, estuve en España y El hundimiento. A Roma, ciudad y libro, reconozco haberle dado muchas vueltas. Empeñada en no admitir mi decepción por el segundo. Deseando no perder mi agrado por la cadencia de Vilas, hechizante fuera de este —en mi opinión— apagado intento lírico.
«Al lado del lujo / la muerte es solo una brisa remota».
No me gusta escuchar al autor dándose lástima a sí mismo, quejándose por menudencias, contándonos que roba cucharillas, libretas de museo, yogures, que se cuela en el autobús, que se considera pobre. Me molesta su ensimismamiento. Su preocupación constante por los precios. Que no escriba correctamente el singular de palabras como cannoli, amaretti, ricciarelli, sfogliatelle…, o el plural de fermata o fiore. El descuido de la lengua, propia o ajena, me cuesta perdonárselo a un poeta.
«Los poetas venimos a Roma / para preparar nuestro adiós a la vida, / para elevar ese adiós / hasta la luz del sol».
Roma. Con menor dosis de miedo («seguía hambriento / y asustado, siempre asustado»), habría podido ser un mejor libro.
Roma. Un viaje en el que te pensé, en el que me extrañaste; en el que ni siquiera te dije si llegaba; durante el cual nos desaparecimos.
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