E. Fortún: Celia, novelista

 



Elena Fortún: Celia, novelista.

Renacimiento, 2021. Ilustraciones de Molina Gallent. Edición y estudio de Purificació Mascarell.

 

Según mi madre, metió los libros (y juguetes) de mi infancia en varias cajas, estas cajas se llevaron a un trastero y, tiempo después, desaparecieron. Indagaciones posteriores no sirvieron de nada: simplemente no estaban, nadie sabía, dejaron por toda réplica el enigma.

 

Cuando pienso en ellos —en los libros perdidos—, se me inflama todavía un trozo de pecho: sin duda contenían (¡fueron! ¡eran!) la parte más feliz de mi infancia. El lugar seguro, mi auténtico domicilio. Cuentos troquelados, libros móviles, pequeños clásicos; colecciones enteras de Barco de Vapor y de Enid Blyton; cómics y libros de misterio (¡Los Siete Secretos! ¡Los Cinco!) por los que perdí la cabeza (¡La casa de las mil lámparas!) a partir de los diez u once años.

 

Todo ido y sin embargo tan pensado, tan cuidado, tan querido.

 

Llenar el pulmón de celulosa.

Palpar la suavidad de las portadas.

Llorar ante las historias tristes.

Enamorarse de los personajes.

Prolongar las horas de noche bajo el flexo azulado.

 

La Biblioteca Elena Fortún recupera y enmarca con rigor la producción literaria de Encarnación Aragoneses, que nos llega en edición cuidadísima a los lectores del siglo XXI. La autora/su obra fue considerada en su día «moderna, infantil, comercial». Celia, novelista, copiosamente nutrida de influencias literarias, constituye —en palabras de Mascarell— «un excurso, una digresión» dentro de la serie. Celia escribe dos libros para vencer el hastío de su verano. Con ‘Aventuras con los titiriteros’ y ‘Las vacaciones de Lita y Lito’ nos está diciendo: un personaje también necesita de la creación, de la imaginación, de los libros. Un personaje tampoco soporta la vida a secas y desea irse, hacer locuras, escaparse. Un personaje también se aburre.

Me vence, de pronto, una densa añoranza. De la quietud. De la penumbra. De la mirada interior e inexplorada. De respirar horas muertas. Del sueño profundo. De vivir a ras de suelo: junto a los bichos, entre las piedras, sobre baldosas. Del tiempo infinito. Del ocio sin fondo. De un largo verano repleto y oculto.

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