Balance 2018

Comencé el año con El papel pintado de amarillo , de Charlotte Perkins Gilman y lo termino con Cálculo de estructuras , de Joan Margarit. En medio, noventa libros leídos, algunos de ellos microcriticados y otros muchos a la espera de su juicio, que a ciencia cierta jamás sé si llegará. Solo en dos ocasiones (en 2014 y en 2016 ) publiqué “listas de mejores lecturas”. Tampoco este año caerá ese higo. Sí la breva, sin embargo, de un par de atragantados: títulos cuyos prólogos —en alguno de los casos— me parecieron superiores a su contenido, y cuya lectura, a mi pesar, terminé llevando a cabo a saltos. Fueron estos: Lolita , de V. Nabokov. Tiempo de silencio , de L. Martín-Santos. Deseo que venga el diablo , de M. MacLane. Divorcio en el aire , de G. Torné. Y un Agatha Christie al que me acerqué ingenuamente con vieja nostalgia. Nunca más. Feliz Año. «Cuando hablan de destino o providencia, lo que los clásicos quieren decir es que, cuando el aza...