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A. Kristof: El monstruo & La hora gris

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  La verdad y la incógnita   Resistirse a un libro es, a menudo, temerlo, y de ese lugar suele partirse hacia Agota Kristof , cuya obra dispensa de igual modo atracción y recelo. Por un lado, conduce a lo desconocido (terreno hechicero siempre), pero de ella se sale dolorido, con cicatrices sobre órganos cambiados de sitio, rogando mudez hasta salir del aturdimiento.   De Kristof (Hungría, 1935 – Suiza, 2011), distintas editoriales habían publicado en español varios de sus libros: Claus y Lucas , su excelsa trilogía, la novela breve Ayer , el volumen de relatos No importa y el texto autobiográfico La analfabeta . Nada sabíamos, hasta hace un año, de su teatro, al que la autora dedicó una gran parte de su vida, y que precedió a la narrativa que la hizo famosa.   La editorial Sitara (en persa, estrella) vino a remediar el vacío existente con El monstruo y La hora gris . Dramatismo en pie y lleno de sentido. Como ya sabemos, Kristof no malgasta el tiempo ...

C. Peri Rossi: La insumisa

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Pedazos de carne viva   ¿Cómo se vuelve, se viaja, a la infancia? ¿Cómo se rescata? ¿Qué se hace para limpiar de olvido los rincones polvorientos? ¿Hay una memoria fija, inamovible, de lo ocurrido? ¿O se trata solo de ecos inseguros? ¿Qué orienta la luz que posamos sobre el recuerdo —íntimo, nítido, intransferible— de las cosas?   Reconozco ser torpe evocando. Y sin embargo —quise decir: a la vez— siento que nada se pierde en el camino. Que cada risco, peña y grano de arena los recoge el presente, extendiéndolos hacia el futuro. Aquello en lo que nos hemos convertido —cuerpo, voz, belleza, miedos— surge en su totalidad de lo que fuimos. Sin que extraviemos un solo fragmento, una sola partícula. En el crecer, no hay desechos.   Hablar de escritoras que queremos exige distanciarse de ellas sin olvidar adónde se quiere llegar, siendo esto —el destino de un texto— algo que se descubre, en mi caso, conforme se escribe. Si por conocer una obra literaria entendemo...

M. Vilas: Ordesa

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Manuel Vilas: Ordesa . Alfaguara, 2018.   Hace tres años de Ordesa . Desde entonces, ha llovido mucho Vilas. Un agua que me he perdido haciendo qué.    Doy con notas tomadas en aquel entonces. Uso el pasado. Pensé en Vilas y Ordesa como  inseparables. Un doble quebranto. La tierra y la conciencia a punto de morir y de nacer.   Cuando se lee a Vilas suceden cosas. Sus textos empujan a reescribir la propia vida, a trazar un (tímido) universo paralelo al del autor. Si lees a Vilas en el baño, por ejemplo, el baño empieza a hablarte y a contarte cosas: el retrete, el lavabo, la ducha. Cambiaste de domicilio ocho veces en diez años y llevas dieciocho sin bañera. En España siempre tuviste bañera. Piensas todo esto con Ordesa en las manos y Vilas desaparece en tus casas sin bañera.   Vilas es telúrico. Vilas es atávico. Vilas da miedo. Es un místico de fe cambiante, y sin embargo —y por ello— inamovible. ...

Ocho años microcríticos

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      Microcríticas Literarias cumple ocho años. El placer libresco y la inclinación por lo breve invocaron su nacimiento. A pesar de los textos más amplios vertidos últimamente, su principio fundacional persiste y sigue en pie.   Quien esto escribe cumple, también, dos décadas fuera de España. Dondequiera que llueva, surgirá la palabra. Ella porta, en gran medida, nuestro paso por el mundo. El tiempo arrecia. La literatura continuará siendo un refugio amable frente a la intemperie.  

S. Tolstaia: ¿De quién es la culpa?

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  Un largo silencio   Lo que encierra ¿De quién es la culpa? , de Sofia Tolstaia , es , ante todo, una dura novela. Escrita en respuesta a Sonata a Kreutzer (1889), de su marido Lev Tolstói   —«A propósito de Sonata a Kreutzer de Lev Tolstói» es su subtítulo—, parece que la autora prefirió no publicarla en vida.   Vio la luz en Rusia en 1994, pasado más de un siglo. «El escaso interés que despertó entonces se debió a que en Rusia se vivía en ese momento con penalidades entre las humeantes ruinas de la extinta Unión Soviética», comentan Marta Rebón y Ferran Mateo en el epílogo.   ¿Por qué tan larga espera? ¿A qué se temió tanto? ¿Pudo deberse, entre otras cosas, a escuchar la voz de una mujer que podía cambiar las cosas de sitio? Ella había defendido ante el zar la publicación de Sonata a Kreutzer pero, a continuación, quiso hacer constar, a través de la ficción, su punto de vista. El brillo de un genio intoc...