14 de abril de 2015

N. Ginzburg: Antón Chéjov

Natalia Ginzburg: Antón Chéjov. Vida a través de las letras.
Acantilado. Traducción de Celia Filipetto.

«Hacía mucho que no bebía champán» fueron las últimas palabras de Antón Chéjov (Taganrog, 1860-Badenweiler, 1904). Falleció, igual que R.L. Stevenson, a los 44 años. Punza asistir a su muerte física en estas páginas. Que ocurriera hace más de un siglo no importa.

Ginzburg, con sobriedad impoluta, trenza vida y obras del gran maestro ruso en un texto armónico, vívido y conmovedor. Imposible escribir semejante relato vitaliterario sin intuir y comprender profundamente al autor. Sin amarlo. Pero con la capacidad de distanciarse y mantener, igual que hizo él, «los ojos secos».

El fondo de esta obra recoge el alma rusa y su arrojarse al mundo sin blindaje contundente. En escena, la vida de Chéjov: su familia, las estrecheces económicas, las continuas mudanzas, sus amistades, la tuberculosis, el Chéjov médico y el Chéjov escritor. Moscú, Mélijovo, Yalta y los innumerables viajes en carros de caballos y lentas locomotoras a lo largo y ancho de esa Rusia inmensa. El de mayor recorrido condujo a un Chéjov ya enfermo hasta la isla de Sajalín, en los confines de su patria.

Durante sus últimos años fue amigo de Gorki y Tolstói, con los que se reunió con cierta frecuencia. Creo entender el afecto y la ternura que Chéjov despertaba; las palabras de Tolstói («¡Qué hombre entrañable, qué excelente! ¡Modesto y tranquilo como una jovencita!»); la pasión de Lika Mizinova; el amor de Olga Knipper; la presencia constante de su familia; la devoción de su hermana. Su compasión por los desprotegidos, su talento y —sobre todo— su falta de arrogancia, lo hacían digno de aprecio, agradable en el trato y soportable en la convivencia. Todo ello lo refleja magníficamente Ginzburg.

Mis ediciones de cuentos de Chéjov son viejas y humildes: Biblioteca Clásica Espasa (1999), Biblioteca Básica Salvat-RTV (1970)… No sigo; me ataca cierta vergüenza y procuraré actualizarme; en ese sentir sin tiempo que habita las narraciones de Antón Pávlovich Chéjov.

* Para S. Bellver.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una crítica con tacto que invita a asomarse a esta pequeña gran obra, y a su autor,

gracias Leonor,

Dbio

Leonor Ruiz Martínez dijo...

A ti por tu comentario, David Bio.