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P. Cerda: Violeta y Nicanor

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Dos hermanos y un país de fondo Recibí esta novela (postal dedicada incluida) hace algo más de un año desde Berlín. Me la envió su autora, Patricia Cerda, chilena de nacimiento y residente en Alemania desde los doce años. Como el de tantos otros autores, su nombre era nuevo para mí. Confieso que empecé a leer con una desconfianza que aún no sé a ciencia cierta de dónde procedía. ¿Una seguridad excesiva en los breves correos que cruzamos? ¿Una personalidad calculadora? Elucubraciones sin mucho sentido. Al final de este texto encontrarán un intento de respuesta. Por aquellas fechas, además, me hallaba supervisando el trabajo de literatura de una alumna chilena para quien Nicanor Parra era lectura prescrita. Junto con el fallecimiento del poeta en enero de ese mismo año (hablamos de 2018), la llegada del libro me pareció una amable coincidencia. Quiero empezar por subrayar que las cuatrocientas cuarenta y ocho páginas de Violeta y Nicanor no parecen ...

V. León: Secreta luz

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Victoria León: Secreta luz . Fundación José Manuel Lara. IX Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado. ‘Rastro del fuego’, el primer poema, tiende la tierra sobre la que se construye Secreta luz , poemario que se eleva, hasta la última página, fiel a su incandescencia. Secreta luz y verso claro, hecho de piedras primeras. Del llanto y su principio: el umbral, la veladura, el camino recorrido en la penumbra. Dolores que vienen de una quiebra y de un renacimiento: la llama final que nos consume y nos traspasa en la noche. Pensamientos lúgubres y una conciencia donde la luz queda lejos, oculta como los cepos en la maleza, muerta en una bombilla rota: «No recuerdo el amor, ni cómo era sentirme protegida en unos brazos». El miedo es el cuerpo calloso de nuestra naturaleza y la identidad se tambalea en un continuo vaivén. Por eso hay que ser valiente para volcar este vertido poético. Para contemplar —y exponer a carne viva— «dudas y torpezas» en imágenes...

Anónimo: Estado crítico

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El sonido de una voz oscura endulza mi sexo Escribí aquellos diarios en un estado febril, crítico como el ánimo que me acompañaba entonces, siempre al borde del llanto. Mi humor no era sombrío cada día, admitámoslo, solo cuando dejaba de ingerir las pastillas recomendadas por la doctora. La misma que me alentó a volcar mis sentimientos sobre papel para que yo, en pocos meses, tuviera cientos de folios volando por casa. No soy capaz de recordar qué llevó a la editorial a publicar esos textos. Vieron la luz de forma anónima —¡menos mal!— bajo el título de Estado crítico . Suena mondo y banal, estoy de acuerdo. En ese momento no se me ocurrió otro. Hace diez años de aquello y mi identidad sigue oculta bajo tierra, lo que me alegra sobremanera. No habría soportado exponerme a un público tan turbado como yo o al escrutinio de la crítica. La calidad literaria del trabajo era cero, inexistente, una mierda. Novecientas páginas para cebar —y atascar— una trituradora de pape...

E. Portela: Formas de estar lejos

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Salto vital Llevo casi dos décadas lejos de mi país de origen, del que salí sin una sola meta clara y al que no hay día que parte de mí no desee regresar. Portela, de la mano de Alicia, nos lleva a los Estados Unidos de América, territorio donde la protagonista aterriza por vía universitaria y se construye un notable currículo académico. Desde el primer instante, sabemos de la quiebra: de la identidad, de la biografía, de una relación de pareja. Asistimos a un final ansiado y definitivo que, en medio de una claustrofobia creciente (las primeras páginas recuerdan a la Casa tomada de Cortázar), no llega de inmediato. Que ese final llegue es lo único importante. El modo en que lo hace, lo de menos. Dos puntos de unión y alejamiento, con sus tira y afloja, acompañan toda relación mixta: el individual y el cultural. A veces, adoptar cierta distancia respetuosa mantiene a salvo ese núcleo íntimo sin el que una relación real jamás existiría: el difícil y comp...

M. Mujica Láinez: Sergio

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La belleza y algo más A pesar de tener Bomarzo conmigo desde niña (regalo de abuelo paterno), no había leído al argentino Mujica Láinez —alias «Manucho»— hasta llegar a este muchacho hipnótico, Sergio . La novela fue escrita entre 1975 y 1976, coincidiendo con los primeros meses de la dictadura argentina, presente ya en las últimas páginas del libro. Sergio , como el Tadzio de Mann, porta una belleza subyugante y fuera de lo común ante la que se perece sin remedio. El autor nos advierte así: «Su hermosura era muy notable, téngalo en cuenta el lector, porque de no ser así, buena parte de lo que se referirá en esta crónica resultará incomprensible». Sergio Londres, catamarqueño de origen humilde, vive con su tía y sus primos en el hotel New England, lugar de veraneo donde abundan las murmuraciones, las ansias de distinción y los residentes excéntricos. La tía trabaja allí de cocinera pero es Sergio el que marca el comienzo de la historia: «He aquí el punto de par...

M. Mayoral: La única mujer en el mundo

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Marina Mayoral: La única mujer en el mundo. Edhasa, 2019. Tejidos por el deseo «Ahora tengo todo lo que deseo, más de lo que nunca me atreví a desear. Y no tengo miedo a perderlo». Recuerdo a Marina Mayoral igual que recuerdo mi cuerpo, mi cuerpo y sus ansias, a los veinte años, cuando comencé a leerla, sumergiéndome en su literatura con ardor parejo al de quien se baña en el Jordán. Eran otros tiempos, a finales del siglo anterior, con menos vidas vividas, con menos deseos colmados, y un horizonte joven, ingenuo, en el que ni la imaginación más desatada podía, ni por asomo, presentir el futuro. Marina Mayoral hablaba y escribía con serenidad, desde un pazo sabio, sensual, bellísimo, sensible. Desde un estado reconocedor de nuestras constantes vitales , esas que tan dignamente traicionan los asideros de nuestra materia, por suerte para todos. En La única mujer en el mundo , la autora, nacida en Mondoñedo (Galicia), vuelve a Brétema, lugar perenne de sus n...

E. Pardo Bazán: Cuentos trágicos

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Los cuentos de doña Emilia La primera pregunta que me hago es cómo marcar un libro de páginas negras. Me llevó a comprarlo la atracción fatal: qué mejor acompañante que un pigmento aciago para los cuentos trágicos de doña Emilia. Pardo Bazán (1851-1921) escribió más de quinientas narraciones cortas, siendo este su último volumen de relatos publicado en vida. Veintisiete textos de igualada extensión imbuidos de cierto terror, hado y romanticismo. «Mi impresión fue violenta, honda; difícilmente sabría definirla, porque creo que hay sobradas cosas fuera de todo análisis racional». «Hay en la vida cosas así, que nadie logra nunca poner en claro, aunque las vea muy de cerca y tenga, al parecer, los medios para enterarse». La fuerza del destino establece el tono basal de cada historia. El azar espera en una esquina silenciosa, y salta y muerde yugulares sin distinción de tegumento. Nada vuelve a ser lo mismo después de ese paso en falso o ese hecho inesperado. Ni siquie...