Al marcharme de Alcalá, pregunté a Don Miguel si, ya muerto, le
importaban algo sus huesos. Esperé largo rato. La estatua no respondió.
Interpreté su silencio como un “a preguntas
necias, oídos sordos”.
Pedazos de carne viva ¿Cómo se vuelve, se viaja, a la infancia? ¿Cómo se rescata? ¿Qué se hace para limpiar de olvido los rincones polvorientos? ¿Hay una memoria fija, inamovible, de lo ocurrido? ¿O se trata solo de ecos inseguros? ¿Qué orienta la luz que posamos sobre el recuerdo —íntimo, nítido, intransferible— de las cosas? Reconozco ser torpe evocando. Y sin embargo —quise decir: a la vez— siento que nada se pierde en el camino. Que cada risco, peña y grano de arena los recoge el presente, extendiéndolos hacia el futuro. Aquello en lo que nos hemos convertido —cuerpo, voz, belleza, miedos— surge en su totalidad de lo que fuimos. Sin que extraviemos un solo fragmento, una sola partícula. En el crecer, no hay desechos. Hablar de escritoras que queremos exige distanciarse de ellas sin olvidar adónde se quiere llegar, siendo esto —el destino de un texto— algo que se descubre, en mi caso, conforme se escribe. Si por conocer una obra literaria entendemo...
Fiódor Dostoievski: Memorias del subsuelo . Cátedra, Letras Universales, edición y traducción de Bela Martinova. Si Gregor Samsa acepta sin comprender nada, este hombre cucaracha sabe más y algo sí entiende. Desde su alma lastimosa se hace grandes preguntas: ¿y por qué no echamos abajo esa cordura, para que podamos vivir conforme a nuestra absurda voluntad? O: ¿de dónde sacan los sabios que el ser humano necesita ser virtuoso? O: ¿cómo se puede desear algo conforme a logaritmos o tablas matemáticas? No importa cuánto se eleve o exalte elucubrando, su torpeza y mala suerte lo devuelven invariablemente a las profundidades. Y en ese subsuelo oscuro, ¿de qué sirven las preguntas? Nos pesa ser de carne y hueso, dice. Hemos llegado a tomar la vida por un trabajo, dice. Nos persuadimos de que es mejor vivir conforme a los libros, dice. Pronto inventaremos la manera de nacer de las ideas, dice. Y a golpe de pensamiento y realidades sobrevive el infeliz; atorado, sin r...
Elena Fortún: Celia, novelista . Renacimiento, 2021. Ilustraciones de Molina Gallent. Edición y estudio de Purificació Mascarell. Según mi madre, metió los libros (y juguetes) de mi infancia en varias cajas, estas cajas se llevaron a un trastero y, tiempo después, desaparecieron. Indagaciones posteriores no sirvieron de nada: simplemente no estaban, nadie sabía, dejaron por toda réplica el enigma. Cuando pienso en ellos —en los libros perdidos—, se me inflama todavía un trozo de pecho: sin duda contenían (¡fueron! ¡eran! ) la parte más feliz de mi niñez. El lugar seguro, mi auténtico domicilio. Cuentos troquelados, libros móviles, pequeños clásicos; colecciones enteras de Barco de Vapor y de Enid Blyton; cómics y libros de misterio ( ¡Los Siete Secretos! ¡Los Cinco!) por los que perdí la cabeza ( ¡La casa de las mil lámparas! ) a partir de los diez u once años. Todo ido y sin embargo tan pensado, tan cuidado, tan querido. Llenar e...
Entrevisté a Cristina Peri Rossi el pasado febrero en Barcelona. Con su último libro de relatos como música de fondo ( Los amores equivocados , Menoscuarto), hablamos sobre el amor y el deseo. Este es el resultado. Cristina Peri Rossi: «El amor es una quemadura». «No hay mejor marido que una mujer». «Nada sabemos de los seres que amamos, salvo la necesidad de su presencia». ( La nave de los locos , 1984) Barcelona, final del invierno, casa de la autora. Entro con patas de mosquito (y la sangre llena de sangre). Sé que estoy ante una escritora inmensa. Me reciben la naturalidad, la generosidad, el saber y el genio innato. Cuenta su amiga Lil que en el pasado Cristina utilizaba tres máquinas de escribir a la vez: en una escribía poesía, en otra novela, en otra cuentos, tal vez ensayos. Nació en Montevideo en 1942 y se exilió en 1972, sabiéndose objetivo marcado por la dictadura uruguaya. Su obra es inconmensurable y difícil de catalogar: el lirismo más pr...
John Maxwell Coetzee: Verano . Mondadori, traducción de Jordi Fibla. La nieve trae la luz del estío. Achico los ojos, abro la ventana , hay hielo en el tejado y lo toco conmovida. Yo siempre leería una obra con ese título. Verano suena a sol, a sequía, a sudor. Aunque con la literatura de Coetzee nunca se sabe: cualquier palabra puede agitar la realidad y arrastrarte, en un descuido, a insospechados destinos. Verano es el tercer volumen de su autobiografía, construido —aparentemente— a partir de las voces de otros. Desde esta perspectiva Coetzee juega a retratarse y desarrolla una idea ya esbozada en su tomo anterior ( Juventud , Mondadori): «Los artistas no tienen que ser gente de moral admirable. Lo único importante es que creen gran arte». Un individuo desconectado de un cuerpo al que el amor físico le queda grande; una vida cualquiera repleta de mezquindades y bajezas. Los artistas se repliegan, nunca mues...
Mieke Van Zonneveld: No . Traducción propia con el permiso de la autora. No , elegido mejor poema del año escrito en lengua neerlandesa en el Turing Gedichten Wedstrijd 2013 . Al certamen se presentaron casi diez mil obras . Va por su 5.ª edición. Van Zonneveld (1989) es la primera mujer que logra el premio. Un texto hecho de esquirlas y asperezas que rascan sin clemencia. El poema original se puede leer aquí . No A veces era una vacilación. Un niño en la playa que iba lavando con su cubo. Yo decía no estoy sucio pero gracias igualmente. Y él: sí te has manchado, hay arena por todas partes. Al despertar me sentía miserable. En mis trayectos jamás una señal pero en mis sueños se tornan multitudes. Cuando era joven no me preocupaba, seguía la tentación y ella no ha vuelto a traerme a casa. No hay en el mundo paz alguna, ningún padre que espere mi regreso, no hay en el mundo paz alg...
Natalia Litvinova: Cesto de trenzas . La Bella Varsovia. «Como tumores o mariposas nocturnas en mí viven los que ya no están». Lo doméstico salvaje: en la llanura b rama la fuerza de la senil nueva memoria. Abuela. Rituales. Madre. Nunca es fácil —no lo es— cabalgar entre la estirpe desenterrar matas remover piedras.
J. D. Salinger: Nueve cuentos . Alianza Editorial. Traducción de Elena Rius. Salinger (1919) publica sus Nueve cuentos en 1953, tras irrumpir por la puerta grande con El guardián entre el centeno . Ese mismo año abandona Nueva York y se instala en el diminuto pueblo de Cornish, New Hampshire. Ansiaba la fama, pero ahora detesta sus consecuencias. Entre 1953 y 1965 salen a la luz cinco novelas cortas. Luego y hasta el momento de su muerte (2010): reserva, silencio. Las historias comparten elementos: el tabaco, la Segunda Guerra (en la que Salinger participó), adultos perturbados y niños de mente portentosa. Destaco como piezas maestras “Para Esmé, con amor y sordidez” y “Teddy”, sin olvidar “El hombre que ríe” o “Linda boquita y verdes mis ojos”. Los diálogos construyen a los personajes y por ellos se desliza el álter ego del autor. Como el soldado de “Esmé…”, Salinger también pasa por un hospital psiquiátrico; como el chico con nombre de oso, Salinger tambié...
Juan Manuel Gil: Inopia. El Gaviero Ediciones. Colección Troquel. Prólogo de Enrique Vila-Matas. Inopia es la segunda obra de Juan Manuel Gil (Almería, 1979) que leo en poco tiempo. Tengo mucho bueno que decir (pero conviene callarse cuando se tiene mucho que decir). Varios desparecidos protagonizan la burlesca y poética cuenta atrás de esta novela. Prologada por Enrique Vila-Matas, sus «Historias rotas» son un guiño entre lo cómico y dantesco. Su estructura, una travesura intelectual, un experimento literario. La realidad es absurda y lo absurdo es realidad. Es divertido jugar a descifrar. Los ejemplares de su primera edición se numeraron hasta el 666. Tengo conmigo el 513. Vive cerca de Ámsterdam. No se ha extraviado, que yo sepa. * Gracias, querido Javier, por la recomendación/obsequio.
Valeria Luiselli: Papeles falsos. Sexto Piso. Sucumbí a su talento. Cuando leí Los ingrávidos (Sexto Piso), su novela de «aliento corto», creí que no se podía ser tan joven y escribir de ese modo magistral. No sé si Papeles falsos , su obra anterior, es mejor. Es distinta. Porque no es novela, son ensayos, unos ensayos que duelen de tan bellos. Pensamientos ajenos a leyes newtonianas. Crónicas que ahogan el latido cardiaco y seducen sin remedio. La escritura de Luiselli es un vuelo suave lleno de objet os preciosos. Leerla, caminar por las piedras de un río colmado de alimento. Río, rúa. No me quedó claro el significado de saudade , eje central de “Dos calles y una banqueta”. En un viaje a Lisboa busco la Rua da Saudade , pero hallo su probable sentido junto a un cadáver tendido en la catedral : « Muita saudade de Elisa, João e filhos ». La muerte también habla, también explica. Escribir es hacer huecos para no encontrar nada, dice Luiselli. Escrib...
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