M. Emants: Una confesión póstuma
Marcellus Emants: Una confesión
póstuma.
Sajalín editores. Traducción
de Gonzalo Fernández Gómez. Prólogo de J.M. Coetzee.

Su novela más célebre, Una
confesión póstuma, fue publicada el pasado septiembre por Sajalín editores.
La prologa J.M. Coetzee, conocedor de la obra de Emants y autor de la única traducción
al inglés que de esta novela existe.
Coetzee emparenta a Emants con Rousseau, Flaubert, Turguénev y Dostoievski.
Analítico, complejo, introspectivo, feo, misántropo, Termeer, el protagonista de esta obra, confiesa el asesinato de su esposa. Un argumento frecuente en literatura (Tolstói escribió La sonata a Kreutzer tan solo cinco años
antes) para representar malestares de profundo calado.
¿Quién no se siente
una rata enjaulada o bicho repugnante alguna vez? ¿Quién no posee una mitad maloliente?
Una infancia carente de amor sólido favorece la personalidad psicópata. Bajar a los
infiernos es cuestión de descender medio peldaño. «Mi complejo de inferioridad
se fue transformando en impotencia y amargura; mi apatía prevalecía por encima
de cualquier impulso».
En el centro, el recelo y miedo a todo: «La
cobardía es el gusano inexpugnable que ha socavado mis deseos». «Me da miedo
cualquier cosa que pueda desinhibirme: una copa de vino, una pieza de música,
una mujer.»
En contraste con el hombre
del subsuelo, Termeer no inspira lástima. Tampoco infunde el respeto de los
personajes tolstoianos. Su confesión llama al desprecio y desagrado —sus propios sentimientos— por una mente ruin que al cabo nada resuelve y de nada se
arrepiente.
Traducción impoluta,
calidad literaria y Chica muerta de Egon
Schiele en la portada. Una obra tan dura como exquisita. Como lectora, me doy
por satisfecha.
* Agradezco a Gonzalo Fernández Gómez el descubrimiento de Marcellus Emants. Por futuros hallazgos y proyectos literarios.
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