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E. Hilsenrath: Fuck America

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Edgar Hilsenrath: Fuck America . Errata naturae, 2010. Traducción de Iván de los Ríos. «En Europa tuvo lugar una completa emigración de pueblos. Nada especial». Nacemos y aquí estamos, en «el matadero al que llamamos “La Tierra”». Algunas microcríticas se maceran lento y otras se expectoran como denso escupitajo. Hilsenrath nació en Leipzig (como Leibniz, como Wagner), e igual que Jakob Bronsky —el protagonista de Fuck Am… que escribe en Nueva York su novela EL PAJILLERO— , sobrevivió al holocausto. Llegó a los Estados Unidos en 1951. No todos los testigos de la Segunda Guerra Mundial han desaparecido. Hoy reside en Berlín*. «Noviembre de 1938. Estimado Cónsul General: Ayer comenzaron a arder nuestras sinagogas. Los nazis han demolido mi negocio, vaciado mi escritorio, expulsado a mis hijos del colegio, prendido fuego a mi casa, violado a mi mujer, confiscado mis bienes y bloqueado mi cuenta bancaria. Es necesario que salgamos del país. La situación empeora por ...

R. J. Sender: La tesis de Nancy

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Ramón J. Sender:  La tesis de Nancy . Casals. Edición de Francisco Troya y Pilar Úcar. Leer La tesis de Nancy es visitar a un vecino con quien se había coincidido únicamente en el ascensor. El promotor de la cita fue Gonzalo Fernández , traductor y amigo en cuyo criterio confío. Que si recuperar el uso en desuso de nuestra lengua. Que si la literatura. Que si una tertulia en español. Dónde encontrar gente: el gran problema. Mi vida a lo leche condensada (trabajo, hijos, libros) y mi recelo de los grupos no son de gran ayuda. Y sin embargo, logramos reunirnos: cuatro traductores, una historiadora, un doctor en matemáticas y la que teclea. Triturando a siete bandas literatura en español. Perteneciente a una familia «de honda raigambre aragonesa», Ramón J. Sender (1901) fue un «escritor a contrapelo», fecundo y ácrata como pocos. En 1939 se exilió a México y luego a Estados Unidos. Trabajó en las universidades de Alburquerque y de Los Ángeles. Desde EE UU, donde...

M. Olschki: Oh, América & Una postal de 1939

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Marcella Olschki: Oh, América & Una postal de 1939 . Periférica. Traducción de Francisco de Julio Carrobles. La vida como haz de recuerdos y olvidar como ese verbo de conspicuo futuro. M. Olschki: abogada, periodista, diseñadora de moda... Wikipedia la resume en siete líneas. Su legado literario: Una postal de 1939 y Oh, América , publicadas en 1954 y 1996, respectivamente. De padre judío y familia sólida, experimenta en carne propia el fascismo antisemita de la Italia de preguerra. Su juventud le exige «su derecho a la vida» y ella abraza con entusiasmo el presente. Una triza de locura cruza estas páginas   sin que la autora caiga en frivolidades o ternezas cargantes. «¡Qué insoportable es la persona feliz!», decía Dostoievski.   En 1946 llega a EEUU, país que estudia con mirada crítica e indagadora. Su última impresión del mismo es Hawái, adonde «hoy vas a ver un cúmulo de rascacielos y horripilantes masas de turistas».   Ambas obras se o...

F. Dostoyevski: El eterno marido

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Fiódor Dostoyevski: El eterno marido . Alianza. Traducción y nota preliminar de Juan López-Morillas. Pavlovich, eterno marido , se embauca en la aventura de conocer a los amantes de su esposa muerta. A la par, intenta volver a casarse, por supuesto. Entre los amantes busca (y encuentra) a Velchanímov, padre de la criatura que Pavlovich, hasta recién, había creído su propia hija. No importa de qué nos hable Dostoyevski. Con cualquier argumento desmenuza lo que somos y extrae nuestras infectas notas básicas. La verdad se envuelve en pliegues hondos. Lo sencillo no existe, ningún sentimiento es nunca completo. Todos albergamos contradicciones de conciencia. «El monstruo más monstruoso es el monstruo de nobles sentimientos». El eterno marido luce, frente al imperfecto Vechanímov, como un risible papanatas. Un borrachín de buenas —y en la práctica fatales— intenciones.  Pavlovich es, ante todo, un estado civil.  Un don nadie, un tontorrón.  La historia tr...

A. Kristof: Ayer

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Agota Kristof: Ayer . Edhasa. Traducción de Manuel Pereira. «Era el camino de los que han dejado su casa, su país. A ambos lados se extendían inmensos campos cenagosos». Hoy engullo  Ayer  con la certeza de no haber dado nunca con literatura como la de Kristof. Aunque cómo saber si esto no es mentira. Leo, releo, respiro acompasada . I ncisiones invisibles van cortando piernas, uñas, brazos. S eñales sin evidencia. Marcas carentes de forma. Mi ejemplar de Ayer  es una primera edición de 1998. La portada, el dibujo  infantiloide  de  una maleta . Cargada  poco después, en tren dirección Ámsterdam, desde Hendaya , guardada en un dormitorio de literas compartidas. Tobías muere  en un país extranjero. De día taladra piezas en una fábrica de relojes. Prisión o fábrica, da lo mismo: «todo el horror de la vida me estalla en la cara». De noche, escribe.  «Es convirtiéndose en un don nadie como se puede ser ...

F. Aramburu: Ávidas pretensiones

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Fernando Aramburu:  Ávidas pretensiones. Seix Barral. Premio Biblioteca Breve 2014.   Salto a  Ávidas pretensiones  desde  La gran Marivián , esa mezcla de Marilyn Monroe y Edith Piaf  cuyo perfume también me tuvo trastornada. Cual pececillo pues, repito chapuzón en las Piscinas Aramburu . Lo que escribe este hombre me interesa: crecimos en ciudades próximas, habitamos países vecinos, tiene la nariz clavada a la de un tío mío. Fin de semana de primavera rural junto a la urbe. Una treintena de poetas   canta a coro en un convento. Orfeón armonizado, letras mordaces, partitura generosa en hilarantes estridencias. Palabras nuevas en picante chisporroteo lingüístico: lazarear, analgarse, jajajear, marihuanil. Dominio técnico y habilísimo manejo de los tiempos. La elevación literario-espiritual de la «poetada» queda en agua de borrajas . Lo amoril , por mucha poesía que lo cubra, es ante todo pulsión genital, ansia libidin...

P. Fitzgerald: La flor azul

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Penelope Fitzgerald: La flor azul . Impedimenta. Traducción de Fernando Borrajo. Postfacio de Terence Dooley. Es mi primera obra de Fitzgerald, otra autora tardía: (comenzó a publicar a los cincuenta y ocho años). La vida doméstica — acaso — dilata los tiempos y  entorpece  el devenir de la escritura. Trabajar en compañía de interrupciones ajenas es un infierno del que poco se extrae. A lo más, frustración e impaciencia. Fitzgerald levanta en La flor azul  una biografía inusual, en la que el  protagonismo d el poeta romántico Novalis,  personaje central, se funde con el de los caracteres que lo rodean. Prosa ágil y directa, z igzags narrativos y un aparente barullo argumental sustentan el relato. « Cada capítulo encarna una emoción, un pequeño drama humano irrepetible», en un conjunto sabiamente compuesto. Detalles cotidianos rocían el libro, así como vocablos alemanes no traducidos. Palabras cuyo significado he buscado y ahora sé:...