V. Moreno: Un cuarto oscuro

Verónica Moreno: Un cuarto oscuro.
La Bella Varsovia.


Profeso cierta aversión hacia la palabra corazón (que suena a pasta dulzona en mis oídos). Frente a ella, su homólogo norteño hart me convence más: en su dureza parece expresar el callo indispensable para soportar las embestidas de la vida. 

Moreno publicó en 2011 Un cuarto oscuro, poemario que sin duda podríamos colgarnos del lado izquierdo del pecho y acomodar allí pájaros, insectos, gusanos y todo aquello capaz de aguijonear sin piedad el malestar. 

Herencias, heridas, rarezas. Manos rojas, dedos dulces y una lengua manchada. Vivir nos lleva «al otro lado» y pone a prueba esa libertad de la que estábamos tan seguros, de la que tanto alardeábamos, con esa boca grande y esa voz tan fuerte, con ese gesto resuelto en el rostro. «La locura solo es una línea mal dibujada», dice la autora, mientras experimenta en el vértigo de residuos y palabras.

«Quiero invertir triángulos matemáticos
para ver cómo suben los índices versátiles
hasta descubrir los misterios de tus fluctuaciones».

Cuando se busca, siempre duele. 

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