Al marcharme de Alcalá, pregunté a Don Miguel si, ya muerto, le
importaban algo sus huesos. Esperé largo rato. La estatua no respondió.
Interpreté su silencio como un “a preguntas
necias, oídos sordos”.
Entrevisté a Cristina Peri Rossi el pasado febrero en Barcelona. Con su último libro de relatos como música de fondo ( Los amores equivocados , Menoscuarto), hablamos sobre el amor y el deseo. Este es el resultado. Cristina Peri Rossi: «El amor es una quemadura». «No hay mejor marido que una mujer». «Nada sabemos de los seres que amamos, salvo la necesidad de su presencia». ( La nave de los locos , 1984) Barcelona, final del invierno, casa de la autora. Entro con patas de mosquito (y la sangre llena de sangre). Sé que estoy ante una escritora inmensa. Me reciben la naturalidad, la generosidad, el saber y el genio innato. Cuenta su amiga Lil que en el pasado Cristina utilizaba tres máquinas de escribir a la vez: en una escribía poesía, en otra novela, en otra cuentos, tal vez ensayos. Nació en Montevideo en 1942 y se exilió en 1972, sabiéndose objetivo marcado por la dictadura uruguaya. Su obra es inconmensurable y difícil de catalogar: el lirismo más pr...
John Maxwell Coetzee: De kinderjaren van Jezus . Cossee. Traducción de Peter Bergsma. Coetzee quiso que su última novela se publicara primero en traducción al neerlandés. La historia transcurre en un país hispanohablante indefinido (se mencionan lugares de Chile, Bolivia, Venezuela… incluso de Suecia) al que desde un campo de refugiados llegan Simón, un hombre adulto, y David, un niño de cinco años a cuya madre biológica ellos buscan. Dos aclaraciones: 1) Coetzee es un escritor al que admiro; poder anticipar la lectura de su nueva obra me pareció una circunstancia dichosa. 2) Suelo redactar estas microcríticas sin leer reseñas previas, guiándome, digamos, por una intuición racional que evite en lo posible influencias ajenas. Sin embargo esta vez no ha sido así. He leído toda la información disponible —en neerlandés, en inglés, incluso en afrikáans— sobre la obra. He leído también Aquí y ahora (Anagrama & Mondadori), buscando en la correspondencia ...
Sara Gallardo: Enero . Malas Tierras, 2021. «No, no ha de suceder, no ha de suceder…». Enero fue la primera novela de Sara Gallardo (1931-1988), publicada en Argentina cuando la autora tenía veintisiete años. Apenas cien páginas y la gran llanura: reses, caballos, clases sociales y un incesante control sobre las mujeres. Una tierra de mutismo donde las normas de conducta se fijan a fuego. Nefer tiene dieciséis años y afronta un embarazo fruto de una violación. A lo largo de once capítulos batidos por una pavorosa soledad, escuchamos su voz desesperada y su creciente individualización. Con amargura y cierta esperanza, sopesa soluciones, a la par que su ojo crítico no se deja engañar. «…y encima de todo, pasando por el cuarto sin interrupción, pasando por la noche, pasando por el mundo, el tiempo cargado de cosas que llegan y pasan, llegan y pasan pero no pueden apartarse». Gallardo, nacida en Buenos Aires...
Pedazos de carne viva ¿Cómo se vuelve, se viaja, a la infancia? ¿Cómo se rescata? ¿Qué se hace para limpiar de olvido los rincones polvorientos? ¿Hay una memoria fija, inamovible, de lo ocurrido? ¿O se trata solo de ecos inseguros? ¿Qué orienta la luz que posamos sobre el recuerdo —íntimo, nítido, intransferible— de las cosas? Reconozco ser torpe evocando. Y sin embargo —quise decir: a la vez— siento que nada se pierde en el camino. Que cada risco, peña y grano de arena los recoge el presente, extendiéndolos hacia el futuro. Aquello en lo que nos hemos convertido —cuerpo, voz, belleza, miedos— surge en su totalidad de lo que fuimos. Sin que extraviemos un solo fragmento, una sola partícula. En el crecer, no hay desechos. Hablar de escritoras que queremos exige distanciarse de ellas sin olvidar adónde se quiere llegar, siendo esto —el destino de un texto— algo que se descubre, en mi caso, conforme se escribe. Si por conocer una obra literaria entendemo...
Cercanía en Madrid La biografía de Juan Gracia Armendáriz (Pamplona, 1965) aloja un vasto haz de logros, experiencias y luchas vitales. Escritor, periodista, exprofesor universitario, lector, músico a ratos… Muchos zapatos lo calzan, aunque la literatura sea, probablemente, la piedra presente en todos ellos. Entre otros géneros, ha cultivado la narración breve en Cuentos de la frontera, Queridos desconocidos y Cuentos del Jíbaro . Las novelas La línea Plimsoll , Diario de un hombre pálido y Piel roja componen la Trilogía de la enfermedad . La Pecera , su última obra (2015), sumerge al lector en el veraz infierno de un alcohólico. El encuentro se produce en la plaza Mayor de Madrid, donde buscamos refugio —hace frío— y algo que tomar en uno de sus bares. Habituada a la penumbra holandesa, me choca la recia iluminación interior de las tabernas patrias: no hay dónde esconderse bajo esta luz potente, como de cocina de casa. Me pregunto si esa c...
Berna González Harbour: Qué fue de los Lighthouse . Ediciones Destino, 2025. ¿Qué sé yo de África, un continente que nunca he pisado, sobre el que leo únicamente de tanto en tanto? Mi tutora en octavo de primaria, Carmen Sainz, se despidió de mí de estos modos: «Leonor, recuerda que eres un faro». Ante mi perplejidad, agregó: «No te olvides de alumbrar a los demás». Cuántas veces me he sentido —en ese entonces y ahora— sumida en la oscuridad más profunda. Ahogada y a la deriva. Sin guía ni luz visible en puerto alguno. La familia protagonista de esta novela se apellida así: faro. Es decir, Lighthouse. Los Lighthouse. Naturales del Reino Unido de la Gran Bretaña y habitantes del África colonial. Un perspicaz enlace con el segundo apellido de la autora (Harbour; es decir, puerto), quien se inspiró en su propia familia inglesa para construir esta historia. Los Lighthouse —padre, madre, hijo mayor, hijas gemelas, hijo menor— viven en Ta...
Elena Fortún: Celia, novelista . Renacimiento, 2021. Ilustraciones de Molina Gallent. Edición y estudio de Purificació Mascarell. Según mi madre, metió los libros (y juguetes) de mi infancia en varias cajas, estas cajas se llevaron a un trastero y, tiempo después, desaparecieron. Indagaciones posteriores no sirvieron de nada: simplemente no estaban, nadie sabía, dejaron por toda réplica el enigma. Cuando pienso en ellos —en los libros perdidos—, se me inflama todavía un trozo de pecho: sin duda contenían (¡fueron! ¡eran! ) la parte más feliz de mi niñez. El lugar seguro, mi auténtico domicilio. Cuentos troquelados, libros móviles, pequeños clásicos; colecciones enteras de Barco de Vapor y de Enid Blyton; cómics y libros de misterio ( ¡Los Siete Secretos! ¡Los Cinco!) por los que perdí la cabeza ( ¡La casa de las mil lámparas! ) a partir de los diez u once años. Todo ido y sin embargo tan pensado, tan cuidado, tan querido. Llenar e...
Fernando Aramburu: Los peces de la Amargura . Tusquets Editores. Destierro memorias de un norte de luz mortecina. Un norte situado más al sur de donde ahora me encuentro pero más lúgubre, más áspero, punzante como hojas de acebo. Un lugar extraño donde la discrepancia, el libre pensamiento o el ejercicio de ciertas profesiones eran respondidos con el silencio, con el desprecio, con amenazas, con muerte. Un lugar donde se decía poco y el miedo todo lo aplastaba. Los peces de la amargura nos acerca al día a día de ese territorio. Un puñado de historias protagonizadas por gente corriente y penetradas por la inteligencia de quien sabe bien de lo que habla. Cuesta aceptar eso: que la vida era, que a lo mejor sigue siendo, así, «triste». Triste y dicotómica: con el pueblo o contra el pueblo. Una vida violenta. “Golpes en la puerta”, narrado desde la voz de un preso que antes fue niño, estremece. El terror es...
Héctor Abad Faciolince: El amanecer de un marido . Seix Barral. Constato un hecho extraño: estos relatos me impactaron, lo sé, lo anoté. Recuerdo sentirme maltrecha, notar que algo se removía en mi inconsciente. Leerlo dolía («por la herida te entrará la luz»—Rumi), y hablé del libro a mucha gente. No recuerdo bien quién era yo hace dos años y releo: quiero estar segura de lo que intento decir. Veo que mi malestar se ha transformado, o marchado a otra parte, a rincones sin preguntas o lugares de donde no necesita regresar . No es común en un hombre abatir de cuajo un tópico gastado: el del varón rechazado por dolores de cabeza. Los hombres dejan de desear a sus mujeres y a la inversa no es así. Las ganas de ellos desaparecen, ya está. Ellas lo captan, lo sufren, lo combaten; no lo entienden. El resultado es amargo y doloroso. ¿Qué pasa con el sobrante de deseo, con el abandono físico, con la pasión muerta, con los cuerpos? «Cualquier muj...
Eduardo Halfon: Duelo. Libros del Asteroide. Podría decir que Halfon es un escritor guatemalteco de origen judío con abuelos de Líbano y Polonia. Que su existencia va unida a los seis millones de judíos exterminados por los nazis. Podría nombrar el lago Amatitlán. Lamentar la muerte del niño Salomón o la de tantos otros desgraciados. Podría preguntar por Doña Ermelinda y por la verdad que el autor buscaba en la cabaña junto al agua. Podría pensar en el placer lector que procura esta obra. Qué notas base la sostienen. Podría asegurar que Duelo es uno de los más bellos ejercicios de memoria literaria que ha caído en mis manos. Podría comprar más obras de Halfon (y hacerlo). Pero nada de esto sería suficiente. Quedaría el más allá. Lo perdurable. Lo intransferible. Lo que arranca material vivo dentro de uno. El peso —luminoso, inaprensible— en la página.
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