7 de septiembre de 2019

V. León: Secreta luz

Victoria León: Secreta luz.
Fundación José Manuel Lara. IX Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado.



‘Rastro del fuego’, el primer poema, ya rompe los sentidos: tiende la tierra sobre la que se construye Secreta luz, poemario que se eleva, hasta la última página, fiel a su inmanente incandescencia.

Secreta luz y verso claro, hecho de piedras primeras. Del llanto y su principio: el umbral, la veladura, el camino recorrido en la penumbra. Dolores que son dolores de una quiebra y de un renacimiento: la llama final que nos consume y nos traspasa en la noche.

Pensamientos lúgubres y una conciencia donde la luz queda lejos, oculta como los cepos en la maleza, muerta en una bombilla rota:

«No recuerdo el amor, ni cómo era
sentirme protegida en unos brazos».

El miedo es el cuerpo calloso de nuestra naturaleza y la identidad se tambalea en un continuo vaivén. Por eso hay que ser valiente para volcar este vertido poético. Para contemplar —y exponer a carne viva— «dudas y torpezas» en imágenes brutales como:

«La única verdad de nuestra historia
fue un abril cuya luz aterradora
aún me sigue cegando en el recuerdo
cuando nada me queda, y aún me salva».

No importa que se trate de un amor efímero o duradero: en ningún ámbito cultivamos y alimentamos las contradicciones de manera tan cabal como en el amor. Todo se nubla y cae de improviso. Y el dolor se extiende hasta perder sus fronteras. Salir indemnes no es muy probable. A menudo, tampoco es el objetivo.

«Cansada de buscar tu mano a ciegas,
fiel a tu ausencia, no he de abandonarte.
Eso te prometí cuando existías».

Los coletazos del sentimiento antes de irse y claudicar se intensifican. La nostalgia abre sus puertas, la esperanza se agarra a lo que de inmortal hay en ella y se desciende a lo más profundo: la nada y el desamparo, «cada uno a su olvido solitario», la renuncia después de una plenitud figurada.

«Es siempre la memoria amarga copa
que promete consuelo y solo quema».

Queda, tal vez, nuestro existir —y el del amado— en los sentidos. ¿Sirve esto de consuelo a ninguna soledad? León, desde su sabiduría, deja este punto irresuelto.

«El silencio es el no de los cobardes,
la interminable soledad del miedo,
la pregunta que nadie nos responde
mientras agonizamos, suplicando,
al otro lado de una puerta ciega».

Leído en Triana (Sevilla), verano del 19. Provocó recogimiento y mudez.

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